“Los padres terminan decidiendo más por cansancio que por convicción”

“Es probable que las secuelas de la Pandemia por el Covid-19 se vean más en los adultos que en los niños”, afirmó el reconocido Pediatra y Doctor en medicina y cirugía especializado en infancia y familia, quien vive en B° Urca y acaba de lanzar su último libro: “Pensar la Infancia”.

¿Qué te motivó a escribir el libro “Pensar la Infancia”?

Este libro recopila una selección de las columnas que fueron publicadas semanalmente en la edición dominical de “La Voz del Interior” entre 2018 y 2019. Descubrí que en el ejercicio de la Pediatría, una o varias consultas con una familia no eran suficientes como para poder abordar temas complejos; y pasaron a papel de allí a las columnas, y de su complicación nació éste, el tercer libro que las agrupa. Los principales ejes rondan las familias, los vínculos personales, las representaciones sociales de las infancias y las adolescencias (en plural, por muchas y por diversas) en diferentes etapas, las circunstancias infantiles en relación al colegio, las vacaciones, los deseos y la tecnología, entre otros temas vinculados. Persigo la idea de mostrar la diversidad y, a partir de ella, defender y estimular la inclusión.

¿Crees que los niños se ven o se verán afectados en un futuro por la pandemia del Covid-19?

Hasta el momento, los síntomas que presentan los chicos sólo son de adaptación y enojo por el encierro y por la falta de contactos (de pares). Todas las manifestaciones se ven como normales y sanas (es más sospechoso aquel niño o niña que a 4 meses de la cuarentena, no haya expresado nada).

Es probable que las secuelas se vean más en adultos que en niños, por dos razones: la plasticidad de los chicos en volver a una nueva normalidad sin daños; y la relativa rigidez de los adultos afectados por las pérdidas (de vidas, de trabajo, de poder adquisitivo y de proyectos).

¿Por qué afirmás que el aburrimiento tiene mala prensa”?

Porque el aburrimiento es un ejercicio que estimula la creatividad. Se habla mucho que es “perder el tiempo” no llenar de actividades la agenda infantil. Y cuando por ese motivo pierden momentos de aburrimiento quedan inermes para las contingencias que les esperan. Si los dejamos sin espacios de les permitan inventar, imaginar, jugar con libertad, los sentenciamos a que no protagonicen sus propias vidas.

Procurar sitios alejados de tanto entretenimiento pasivo es defender el aburrimiento como forma de educación básica e impostergable.

“Procurar sitios alejados de tanto entretenimiento pasivo es defender el aburrimiento como forma de educación básica e impostergable”

¿Qué opinión te merece el uso desmedido del celular, play o tablet en los niños?

Nunca antes de los 2 años, nunca después de las 20hs., nunca solos entre los 2 y los 7 años. Y cuando son propietarios de su propio artefacto, nunca más de 5 horas diarias.

Todos esos límites, propuestos por la Sociedad Argentina de Pediatría, son largamente transgredidos por la mayoría de las familias en nuestro medio.

¿Cuáles son sus consecuencias?

Trastornos de atención, hiperactividad, cefaleas, dispersión, reducción de la capacidad de escuchar y reproducir un encuentro humano, dependencia, nerviosismo, insomnio y trastornos del lenguaje, entre las más frecuentes. Reducir el tiempo de uso e interponerse entre los contenidos y los chicos. Ninguno está en condiciones de navegar por la web sin exponerse a lesiones emocionales graves.

¿Por qué a los padres les cuesta cada vez más poner límites y decir que “no”?

Por ausencia del hogar. Las largas jornadas de los progenitores (obligados por trabajo educación no formal se “tercerice” rápida y precozmente, de tal manera que los chicos no reconocen autoridad en estas personas con las que se encuentran por la noche y sólo comparten la cena (cuando pueden), por ejemplo. Los padres terminan decidiendo más por cansancio que por convicción.

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