2 abril 2026
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44 años después, regresó a las islas Malvinas donde combatió en la guerra

El cordobés Ricardo Gabriel Guillén volvió este año a las islas donde luchó en 1982 y revivió una historia marcada por el dolor, la amistad y el orgullo. Hoy, desde James Craik, comparte su testimonio con nuevas generaciones para que la memoria siga viva.

Hay historias que no se apagan con el tiempo, que quedan suspendidas en la memoria como si hubieran ocurrido ayer. Para Ricardo Gabriel Guillén, de 62 años, nacido y residente en James Craik, la Guerra de Malvinas no es un recuerdo lejano: es una experiencia que lo atraviesa todos los días.

“Es muy difícil definir los recuerdos porque pasó todo tan rápido desde el momento que nos dijeron a dónde íbamos”, cuenta, al evocar aquellos días de 1982. La incertidumbre comenzó incluso antes de pisar las islas, en el aeropuerto de Comodoro Rivadavia, donde todo parecía incomprensible.

Una vez en Malvinas, hubo un instante que quedó grabado para siempre. “El momento más importante fue la jura de la bandera. Ese ‘¡Sí, juro!’ se dio en lo que después sería el campo de batalla. Es algo que solo los que lo vivimos sabemos lo que se siente”, relata.

Antes de la guerra, su vida era otra. Estudiaba carpintería, jugaba al fútbol en el club Defensores y compartía sus días con amigos y su novia, hoy su esposa. “Recordaba mucho ese antes, esos momentos simples que parecían tan lejanos estando allá”, dice.

Pero la guerra llegó, aunque muchos no lo creían posible. Y el primer golpe fue brutal. En 1982 no sabíamos que íbamos a Malvinas hasta antes de subir al avión.  Desde Sarmiento nos llevaron a  Comodoro Rivadavia y ahí tomamos un Hércules que nos dejó en Malvinas. Fuimos los primeros en aterriza”, recuerda Ricardo, integrante del Regimiento de Infantería Mecanizado 25 durante la Guerra de Malvinas, y añade: “El bombardeo del 1 de mayo fue algo que no tiene explicación. Primero la sirena, después los motores y las explosiones. Tembló todo. No sabíamos qué había pasado hasta que amaneció”.

El conflicto avanzó dejando huellas imborrables. El hundimiento del ARA General Belgrano, las bajas en Darwin, el miedo constante. “Nos causó mucho dolor enterarnos de todo eso. Fue muy duro”, agrega.

“En 1982 no sabíamos que íbamos a Malvinas hasta antes de subir al avión. Estando en la isla y durante la guerra, me bañé una sola vez y solo nos cambiamos dos veces  la ropa interior”

En medio de los recuerdos, también aparecen imágenes cotidianas que reflejan las condiciones extremas que atravesaron los jóvenes e inexpertos soldados en su gran mayoría.Estando en la isla me bañé una sola vez y nos cambiamos dos veces la ropa interior”, cuenta, dejando en evidencia la dureza de la vida en combate y las carencias que marcaron cada jornada.

El final de la guerra abrió otro capítulo, igual de intenso. “Volvimos en barco, el 17 de junio en el ARA Bahía Paraíso. Allí nos  bañamos y comimos como no lo habíamos hecho en meses. Teníamos tanta hambre que hasta me hizo mal”, cuenta, entre una mezcla de humor y emoción.
El regreso a tierra firme también tuvo escenas profundas. Cuando me abracé con un amigo de la infancia, me quebré. Lloramos juntos. Luego llegué a mi pueblo, a mi casa y abracé a mi mamá, a mis hermanos, a mis amigos y a mi novia. Todo era emoción”.

Una promesa cumplida

Pero la historia con Malvinas no terminó ahí. “Este viaje empezó el día que terminó la guerra”, afirma. Junto a su compañero Víctor Ventura, con quien compartió carpa y amistad, hicieron una promesa: volver algún día a las islas. Pasaron los años, la vida siguió, pero la promesa seguía intacta. Hasta que este 2026 se concretó. “Nos juramos volver  juntos o no volver. Y se dio. Mi familia me apoyó mucho para tomar la decisión”, explica Ricardo, quién viajó junto a sus compañeros: Víctor Ventura de Monte Buey, Gerardo Marani de Justiniano Posse y Nolberto Filippi de Monte Buey.

El viaje comenzó en febrero de 2026, con destino final en las islas. “Cuando el comandante anunció que estábamos llegando, sentí que tenía que prepararme para afrontar todo lo que significaba ese momento”, expresa con la emoción a flor de piel.

Volver no fue fácil. “Ese fue mi primer contacto otra vez con las islas. Verlas desde el avión me  generó una emoción enorme”, dice. Ya en tierra, el recorrido fue tan intenso como necesario.
Durante los 6 días en las islas, Visitó el Cementerio Argentino, su antigua posición, dejó un rosario y recorrió escenarios clave del conflicto como Darwin, Bahía San Carlos, Monte Longdon, Bahía Agradable y la zona de Sapper Hill que fue la última  noche del combate. “En cada lugar sentí orgullo. Por lo que hicieron nuestros soldados. Entregaron todo, hasta su vida”, asegura ex Combatiente de Malvinas. Cada paso fue también un homenaje. Son los eternos custodios de nuestra soberanía. Nunca debemos olvidarlos”, agrega, con la voz cargada de convicción.

Durante su reciente viaje, uno de los gestos más significativos fue volver a su posición y dejar un símbolo personal. “Había planeado dejar un rosario en el lugar donde estuve. Era algo que necesitaba hacer”, remarca, como una forma íntima de cerrar una historia que, en realidad, nunca termina.

Entre el dolor y el orgullo

Sobre cómo fueron recibidos en las Islas Malvinas, compartió: “Iba con dudas. Venía con una ilusión, la cumpli, venía con un  poquito de miedo por los comentarios que nos han hecho, pero  el trato fue muy bueno, más allá de los pobladores, hay gente que trabaja, hay chilenos, teníamos un mozo que era de  Sri Lanka, chicas que eran de  Filipinas, todos se comportaron muy bien. Se jugaron y nos prepararon cenas especiales… Fue algo grandioso”. En este sentido, alentó: “Vayan sin miedo, vayan tranquilos, no es como lo pintan algunos”.

 “Recuerden siempre a los 649 héroes de Malvinas porque son quienes quedaron custodiando nuestras
islas para siempre”

A 44 años de la guerra, Guillén reflexiona sobre el significado de aquella experiencia. “Ninguna guerra es justificable, pero me duele cuando dicen que fue absurda. Se defendió la soberanía hasta dejar la vida”, sostiene orgulloso. Hoy, su compromiso es con la memoria. Recorre escuelas y habla con jóvenes. “La vida te pone situaciones inesperadas. Hay que estar preparados, valorar el esfuerzo de los padres y luchar por lo que uno quiere”, aconseja.  Y deja un mensaje final que resume toda una vida marcada por Malvinas: “Recuerden siempre a los 649 héroes. Cada 2 de abril, recen por ellos. Son quienes quedaron custodiando nuestras islas para siempre”.