6 abril 2026
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B° Granadero Pringles: El centro de Jubilados renació y volvió a abrir sus puertas a la comunidad

Con trabajo a pulmón, compromiso barrial y el acompañamiento de distintas voces, la entidad se transformó en un espacio de contención para adultos mayores. Desde un predio abandonado hasta un comedor activo que recibe a decenas de personas, la historia refleja solidaridad y organización comunitaria. Hoy, el desafío es seguir creciendo.

El Centro de Jubilados Granadero Pringles vuelve a latir gracias al esfuerzo de quienes decidieron hacerse cargo y transformar una realidad marcada por el abandono. La nueva comisión asumió recientemente, pero el trabajo ya muestra resultados concretos en cada rincón del lugar.

Roberto Paniagua, presidente de la institución, reconoce que el proceso no fue sencillo: “Hace muchos años que existe el centro, pero nosotros asumimos recién en el 2025. De las gestiones anteriores sabíamos que había deudas desde el 2018”. Con ese panorama, el primer paso fue organizarse y empezar desde cero.

La situación inicial era crítica. “Atrás era un basural, había tierra, piedra, lata. Había escombros y materiales en desuso. Estaba todo abierto”, recuerda. Frente a ese escenario, la comisión decidió intervenir con lo que tenía a mano: trabajo y voluntad.

Poco a poco, el espacio fue cambiando. “Se empezó a revocar porque las paredes estaban sin terminar. Se pintó con cal porque no teníamos medios. Lo hicimos nosotros mismos”, cuenta Paniagua. También se repararon pisos, columnas y se cerró el perímetro para proteger el lugar del clima.

Incluso las mejoras más simples implicaron un impacto directo en quienes asisten. “En verano la gente se quejaba del calor, así que trajimos un ventilador industrial. Hoy vienen y lo piden”, agrega, evidenciando cómo cada detalle suma al bienestar cotidiano.

Un espacio que se construye entre todos

El avance del Centro no fue en soledad. Paniagua destaca especialmente el acompañamiento de algunas personas. “Lo que se ve ahora, como la pintura del piso, se lo debemos a Laura Jauret y Lorena Salim. Cumplieron con lo que prometieron y eso vale un montón para nosotros”.

A pesar de los logros, las necesidades siguen siendo muchas. “Lo principal ahora es el gas natural. Pasa por la vereda, solo falta hacer la conexión”, explica, pensando en el invierno que se aproxima.

“Lo que se ve ahora, como la pintura del piso, se lo debemos a Laura Jauret y Lorena SALIM. Cumplieron con lo que prometieron y eso vale un montón para nosotros”

Uno de los hitos más importantes fue la incorporación del comedor. “Muchos se opusieron porque decían que no dejaba nada, pero nosotros lo aceptamos para darle de comer a la gente mayor. Desde ahí no paramos más”, relata el presidente.

Actualmente, alrededor de cuarenta adultos mayores asisten diariamente, aunque la demanda es mayor. “Tenemos gente en espera. Necesitamos más tablones y sillas para poder recibirlos”, señala, marcando el crecimiento del espacio.

Desde la cocina, Verónica Méndez y Mónica Suárez también destacan el valor del lugar: “No es solo venir a comer, es compartir. Hay mucha gente que está sola y acá encuentra compañía. Esto ayuda mucho en su estado anímico”.

El impacto se vuelve aún más tangible en la voz de quienes asisten. Eva, vecina del barrio desde hace seis décadas, lo resume con emoción.

“Este lugar es un rinconcito calentito del hogar. No solo nos dan comida, también se ocupan de nuestra vida interior. Me siento acompañada en todo lo que me pasa”.

Para muchos, el comedor representa mucho más que un plato diario. “Con lo que gasto en medicamentos y viviendo sola, venir acá es un alivio tremendo. Me ahorro hasta ciento cincuenta mil pesos por mes”, cuenta Eva, evidenciando la importancia económica y emocional del espacio.

Así, entre esfuerzo colectivo, compromiso y solidaridad, el Centro de Jubilados Granadero Pringles se consolida como un punto de encuentro fundamental. Un lugar donde no solo se reconstruyen paredes, sino también vínculos, dignidad y comunidad.

Más info: Bernis 3282 – B° Granadero Pringles