
El sueño empezó de manera simple, casi como una charla al pasar. El Nono Pedro Alberto Bonaldi (74 años), vecino de B° Las Magnolias, quería pasar unas vacaciones con toda la familia, compartir tiempo, risas y momentos que quedaran guardados para siempre. A ese anhelo se sumó el pedido entusiasta de las nietas y, poco a poco, la idea comenzó a tomar forma hasta convertirse en un plan concreto.
No era un viaje cualquiera. Para él significaba mucho más: conocer el mar, salir del país por primera vez, descubrir Brasil y, sobre todo, pisar el mítico estadio Maracaná. Ese lugar del que había oído hablar desde chico, por la radio o en las historias que le contaba su papá sobre Pelé, Didi y las grandes hazañas del fútbol “carioca”.
La organización fue un verdadero trabajo en equipo. Hijos, nueras, yernos y nietos se pusieron de acuerdo, coordinaron fechas, resolvieron detalles y aportaron ideas con un único objetivo: que el Nono pudiera vivir esa experiencia acompañado por toda su familia. En total fueron 16 personas, unidas por el mismo deseo: Sus hijos: Carina, Paulo, Paola y Daniela; su yerno Pablo, su nuera Fabiana; y sus 9 Nietos: Lucas (desde España), Matías (desde Noruega viajó a Brasil), Belén, Ana Laura, Santiago, Agustín, Tomás, Paula y Catalina.

El destino elegido fue Río de Janeiro (Brasil) a principios de Diciembre del 2025. Allí recorrieron lugares emblemáticos como el Cristo Redentor, una visita especialmente emocionante para el Nono y toda la familia, creyentes y agradecidos por estar viviendo ese momento juntos. Pero nada se comparó con la llegada al Maracaná, donde la emoción fue total.
El Nono Pedro cumplió el sueño de viajar a Brasil y conocer el mar y el Maracaná acompañado por sus hijos, yerno, nuera y nietos, en una experiencia profundamente emotiva. Más que un viaje turístico, fue un encuentro familiar inolvidable, atravesado por el amor, la memoria y la alegría de compartir juntos.
El Nono y 15 más
Al ingresar al estadio, el “Nono” se transformó en un chico. Con los ojos brillosos, se sacó fotos con cada nieto y repetía, una y otra vez: “No puedo creer que esté acá con todos ustedes”. Para él, ese instante fue un sueño hecho realidad, cargado de historia, recuerdos y pasión futbolera.

Aunque disfrutó cada rincón de Brasil, no dudó en decir que su corazón sigue estando en Argentina, en sus montañas y en su amado norte. El idioma, las costumbres y la magnitud de la ciudad fueron un desafío que vivió con curiosidad, asombro y una sonrisa permanente.
Una de las perlitas del viaje fueron las remeras que se mandaron a hacer los nietos: llamativas, con la cara de Pedro y la frase “Gracias Nono”. Generaron una verdadera revolución. En el avión y en la calle la gente miraba, preguntaba, pedía fotos y hasta aplaudía. “¿Usted es el Nono?”, le decían, mientras él, conmovido y orgulloso, asentía emocionado.

Para los nietos, la experiencia fue profundamente movilizadora. Sentían orgullo, gratitud y una alegría inmensa al cumplirle un sueño. Lo mejor fue el tiempo compartido: las charlas, las risas, los paseos y la posibilidad de ver al abuelo disfrutar cada momento como si fuera único.
El viaje también estuvo atravesado por la memoria. El Nono recordó a la Nona, quien antes de partir había tenido la oportunidad de conocer el mar y Brasil. Ese recuerdo estuvo presente, como parte de la historia familiar que sigue latiendo en cada encuentro.
Hoy, al volver, todos coinciden en lo mismo: fue la mejor decisión. Incluso uno de los nietos viajó desde Noruega para ser parte de esta aventura; solo faltaron un nieto y una bisnieta que viven en España. ¿Habrá revancha? Quizás el próximo viaje los encuentre a todos juntos otra vez, siguiendo el ejemplo de un Nono presente, cariñoso y sabio, que enseñó —una vez más— que la familia es el mejor destino.-






