“Luna cautiva”: La zamba que vio la luz en la cárcel de B° San Martín

José Ignacio “Chango” Rodríguez compuso la hermosa pieza musical, dedicada a su mujer, en las penumbras y en la soledad de una celda.

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Por: Lic. Diego Flores

A lo largo de la historia, la cárcel ha sido fuente de inspiración para muchos artistas, escritores e intelectuales. Grandes obras literarias o del pensamiento se han escrito en las penumbras de las celdas. Miguel de Cervantes, por ejemplo, escribió en la cárcel “El Quijote”, uno de los grandes clásicos de la literatura universal.
La reclusión es una experiencia muy dura, pero muchos presos durante su encierro utilizaron el tiempo para pensar, reflexionar o para crear obras artísticas de gran calidad. Tal vez, escribieron para no volverse locos encerrados en una celda, para narrar su vida carcelaria o porque, simplemente, recibieron la visita de las musas inspiradoras. Una de las zambas más bonitas del folclore argentino, “Luna Cautiva”, la compuso José Ignacio “Chango” Rodríguez cuando estuvo confinado en la cárcel de Encausado y en el penal de B° San Martín. La canción se la dedicó a Lidia Haydée Margarita Bay, la “Gringa”, su gran amor y con quién se casó en la penitenciaria.

El lado oscuro de la luna

El cantautor cordobés estuvo preso porque en la noche del 11 de diciembre de 1963 asesinó a Juan “Loro” Álvarez, quien era su compadre y el encargado de cuidar sus caballos de carrera. Esa noche del ´63, el Chango y la Gringa asistieron al cumpleaños del ahijado del folclorista en la casa de Álvarez. En la reunión se armó una guitarreada que, por supuesto, lo tuvo como protagonista. Tras tocar una canción, no señaló a los autores. Entonces, uno de los asistentes le reprochó que lo cantantes siempre se olvidan de los
compositores, recriminación que no le gustó a Rodríguez, provocó su furia y una gresca con golpes de puño. El Chango terminó yéndose de la casa de su compadre,
pero afuera de la misma se dio cuenta que le faltaba el dinero que le había dado una discográfica esa mañana como adelanto de un disco que estaba preparando.
La Gringa decidió regresar a buscar el dinero. Al ver que Lidia se demoraba y al escuchar unos gritos, el popular cantante decidió entrar con una pistola en la mano. Dentro de la casa realizó varios disparos, uno de ellos impactó en la cabeza de Álvarez, provocándole la muerte.

Por el hecho, la justicia lo condenó a 12 años de prisión, aunque solo estuvo recluido casi 5 años ya que fue indultado por el presidente de facto Juan Carlos Onganía. Los primeros tiempos de encierro los pasó en la cárcel de Encausados y los últimos años en el penal de San Martín. En esa etapa oscura de su vida, su sostén fue la Gringa quien lo acompañó de
manera incondicional. Tan es así que, el 8 de enero de 1965, se casaron en la cárcel de Encausados. Él lució un frack negro con moño y ella un vestido floreado. Además de visitarlo, de llevarle la comida, Lidia bregó por su liberación: creó una comisión por su libertad, reunió firmas de artistas reconocidos y se entrevistó con numerosas numerosas
personalidades para lograr su absolución. Su lucha tuvo sus frutos ya que en 1968, cuando todavía le quedaban varios años de reclusión, fue liberado por el indulto 5030.

Cantar y componer tras las rejas

En sus años de encierro, “El Chango” compuso 60 canciones, entre ellas “Luna Cautiva”, zamba que traspasó los muros de la penitenciaría allá por 1967, cuando Horacio Guarany visitó a Rodríguez en el penal de San Martín y el músico cordobés se la mostró. Guarany quedó encantado, le pidió permiso para cantarla en público y cuando lo hizo, enseguida se popularizó. La hermosa pieza musical, escrita en la soledad de una celda, documenta su
propia experiencia carcelaria y, sobre todo, su gran amor por la Gringa: “Tu amor es una estrella, con cuerdas de guitarra, una luna que me alumbra en mi oscuridad. Acércate a la reja, sos la dueña de mi alma; sos mi luna cautiva que me besa y se va”.
“Luna Cautiva” es una prueba más de que hasta en las peores condiciones, como las que atravesó el Chango Rodríguez en un frío calabozo de una mazmorra, el ser humano es capaz de crear obras maravillosas.