26 enero 2026
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Historietas, leyendas y fantasmas en el Museo Marqués de Sobremonte

El pasado sábado 13 de septiembre, el Museo más antiguo de la ciudad de Córdoba se llenó de lápices, leyendas urbanas y creatividad con el taller “Los fantasmas del Marqués”, a cargo del historietista Nicolás Brondo. Durante cuatro horas, jóvenes creadores dieron vida a historias de miedo ambientadas en la histórica casona del centro cordobés.

El sol de la siesta iluminaba las baldosas antiguas del Museo Marqués de Sobremonte mientras, puertas adentro, las sombras comenzaban a tomar forma. Pero no eran espectros ni apariciones: eran lápices, reglas, microfibras y hojas A3 que, una a una, empezaban a construir escenas. El taller “Los fantasmas del Marqués”, dirigido por el historietista Nicolás Brondo, convocó a jóvenes mayores de 15 años a crear una historieta inspirada en leyendas urbanas y misterios cordobeses. “Desde muy pequeño me atraen las historias de fantasmas o mitos urbanos”, explicó el artista. “Pero más me fascinan los de mi propia ciudad”.

Nicolás Brondo tiene 43 años, vive en B° Residencial América, y se define de forma categórica: “Soy historieta”. Su relación con el dibujo empezó en la infancia, y no se detuvo más. “El dibujo más antiguo que recuerdo es un Superman que hice en la sala de 5… y todavía lo conservo”. Hoy da clases, publica cómics, tiene una columna en radio, hace podcast, edita, ilustra. Su vida entera gira en torno a las viñetas. “No es trabajo, no es hobby. Es todo eso y más”, resume.

La iniciativa del taller fue gestada junto a Natacha Solaso, actual trabajadora del museo, con la intención de abrir el espacio a nuevas propuestas culturales. “Ella es una gran entusiasta de los cómics”, cuenta Brondo. La consigna fue simple y atrapante: cada participante debía crear una página de historieta, ambientada en el museo, utilizando anécdotas fantasmagóricas y fotografías tomadas durante la jornada como inspiración.

“En el taller recorrimos el Museo Sobremonte, contamos anécdotas fantasmagóricas, tomamos fotos y cada participante creó una página de historieta con lo que escuchó y vio. Las historias se colgaron y exhibieron al día siguiente en una feria de autores y editoriales de cómic”.

En el taller contamos historias que circulan sobre el museo, hicimos una recorrida para sacar fotos de referencia, y después se armó cada microhistoria en formato cómic”, detalló el historietista. “Yo participé como guía o moderador, opinando sobre los laburos que iban haciendo”. El grupo que lo acompañó era parte de su taller proyectual de Aguas de la Cañada, un semillero de talentos que ya tiene ediciones publicadas y experiencia en ferias.

Dibujar lo invisible

La muestra fue tan intensa como breve. “Fue increíble”, define Brondo. “Son personas maravillosas y creativas que lo dan todo”. El resultado: páginas que cruzan lo real con lo fantástico, lo tangible con lo invisible. Monstruos, apariciones, historias de ultratumba y fantasmas urbanos salieron del papel para colgarse al día siguiente en el mismo museo, como parte de una feria con autores locales, editoriales y una charla con divulgadores de la ciudad.

El evento, gratuito y abierto al público, fue un cruce perfecto entre la historia, la leyenda y la producción artística. Brondo lo vivió con entusiasmo. “Saber que paso caminando por una vereda donde hace 100 o 200 años pasó algo groso me llena de energía”, confesó. Y eso fue lo que transmitió a sus alumnos: la emoción de conectar la ciudad que habitamos con el imaginario que nos atraviesa.

Jóvenes mayores de 15 años crearon historietas inspiradas en leyendas urbanas y anécdotas fantasmales del museo. La propuesta combinó dibujo, historia y misterio en un entorno patrimonial único.

La consigna dio lugar a escenas terroríficas, absurdas, poéticas o inquietantes, todas con un elemento en común: el Museo Marqués de Sobremonte como escenario. Para muchos, fue también la oportunidad de conocer el lugar por dentro. Y no solo por dentro de sus muros, sino también de sus relatos. “Me contaron historias alucinantes que pasan hoy en día”, asegura Nicolás.

Mientras el eco de las pisadas se mezclaba con el trazo sobre el papel, cada participante dejaba su huella. Las obras colgadas al día siguiente no solo fueron resultado de un taller, sino la muestra de que la historieta local tiene presente, pasado… y mucho futuro. Brondo, que seguirá con su taller proyectual hasta octubre, ya sueña con ampliar la Escuela de Historietas Diego Cortés el año próximo.

“Todo esto es un modo de vida para mí hoy”, repite Nicolás. Y en su caso, no hay exageración: la tinta, el guion y los fantasmas conviven todos los días en su universo. Esta vez, además, salieron del papel y se metieron en un museo centenario, donde Córdoba dejó ver sus sombras… y sus artistas.

Más info: brondogram Fotografías: Gentileza de Sebastián Giménez (@chasirette)