El rugido de dos motos rompe la rutina de cualquier ruta latinoamericana. No es un viaje más: arriba van Tony, de 25 años, y su padre Daniel, de 63, dos cordobeses que decidieron cambiar la comodidad por la aventura y lanzarse a una travesía que une continentes con un solo objetivo en el horizonte: llegar a la Copa del Mundo 2026 que se llevará a cabo del 11 de junio al 19 de julio en Estados Unidos, Canadá y México.
Todo comenzó como una idea casi utópica. “Siempre quise hacer un viaje largo, incluso pensaba en Alaska”, contó Tony, vecinos de B° Bajo Palermo, en pleno recorrido. Pero fue Daniel, quién vivió en B° Urca durante mucho tiempo, quien le dio el giro definitivo: “Vamos a Estados Unidos… y vemos a la Selección”. Así, lo que era un deseo personal se transformó en un proyecto compartido, con el fútbol como excusa y el vínculo como verdadero motor.
Para hacer realidad el plan, hubo decisiones fuertes. Tony vendió su auto y volcó todos sus ahorros en la aventura. No había marcha atrás. La hoja de ruta marcaba un desafío inmenso: cerca de 30 mil kilómetros atravesando América de sur a norte, una experiencia inédita para ambos. “Es la aventura más grande de nuestras vidas… Pero se queda chica en comparación al amor tan grande que le tengo a mi viejo, las ganas de hacer kilómetros y conocer países son inmensas, pero más grandes son las ganas de compartir esto a su lado“, asegura Tony quien viaja a bordo de una Honda NC750X 2020, mientras que su Papá Daniel lo hace en una Honda Transalp 2008.
“Ver a la Selección es un sueño, pero este viaje es mucho más que eso… Es la aventura más grande de nuestras vidas, pero se queda chica en comparación al amor tan grande que le tengo a mi viejo”
El viaje comenzó en Córdoba y rápidamente los llevó a cruzar hacia Chile. Desde allí, siguieron por Perú, Ecuador y Colombia, siempre bordeando la costa del Pacífico. Cada kilómetro sumó historias, encuentros y postales que hoy comparten con miles de seguidores en redes sociales, donde documentan la travesía casi en tiempo real.

Pero no todo fue paisaje y emoción. También hubo momentos límite. En la Puna argentina, un error de navegación los dejó a la intemperie, sin comida ni abrigo. “Pasamos mucho frío, pero son experiencias que te enseñan”, recordó el joven vinculado con el rubro inmobiliario, con una mezcla de humor y orgullo por lo vivido.
Kilómetros, desafíos y una conexión que se fortalece en la ruta
El camino también les regaló pausas necesarias. En Ecuador se sorprendieron con la ciudad de Cuenca, que les recordó a Córdoba, y en Colombia disfrutaron del descanso en las playas de Cartagena. “Lo más lindo son las personas que conocés”, aseguró Tony, destacando los vínculos que nacen en la ruta y que muchas veces perduran más allá del viaje.
Uno de los mayores desafíos logísticos llegó al intentar atravesar el Tapón del Darién, una zona imposible de cruzar por tierra. La solución fue tan compleja como la aventura: enviaron las motos en avión y ellos cruzaron en barco durante seis días hasta Panamá, donde retomaron el viaje sobre ruedas.
El destino final del viaje es Kansas City, en el estado de Misuri, donde el 16 de junio la Selección Argentina disputará su primer partido del Mundial frente a Argelia.

Hoy, la historia sigue escribiéndose en movimiento. Actualmente, después de más de 50 días de viaje y cerca de 10 mil kilómetros recorridos, Tony y Daniel se encuentran en Nicaragua, recorriendo Centroamérica, avanzando hacia México y luego Estados Unidos. “El destino final del viaje es Kansas City, en el estado de Misuri, donde el 16 de junio la Selección Argentina disputará su primer partido del Mundial frente a Argelia. La idea es continuar por la costa del Pacífico mexicano, cruzar en ferry desde Sinaloa hacia Baja California y finalmente ingresar a Estados Unidos por Tijuana”, revelan padre e hijo.
El objetivo es claro: llegar a tiempo para el debut de la Selección Argentina en el Mundial. Pero, en el fondo, saben que el verdadero logro ya está cumplido. “Ver a la Selección es un sueño, pero este viaje es mucho más que eso”, resumió el hijo de Daniel en plena ruta, reflejando el espíritu de una experiencia que trasciende lo deportivo.
Porque entre rutas interminables, noches al aire libre y paisajes inolvidables, padre e hijo construyen algo que no entra en ningún GPS: una historia de vida compartida. Una de esas que demuestran que, a veces, animarse es el primer paso para llegar mucho más lejos que cualquier destino.
Más info: Ruta al Mundial





