Walking Gol nació de la unión de dos miradas: la clínica, desde la psicomotricidad, y la futbolística, desde la experiencia de un ex jugador profesional. Hernán Panero y Dahyana Cartello son los responsables de este proyecto pionero en la provincia, que se entrena todos los jueves de 17 a 19 horas en el predio de APM (Agentes de Propaganda Médica), sobre Av. Ricardo Rojas 8229, en Córdoba Capital. La propuesta está dirigida a chicos y chicas que usan andadores, sillas de ruedas, bastones o muletas, y también a quienes presentan desafíos en su motricidad sin necesidad de ayudas técnicas.
Lo que empezó como una idea en construcción hoy es una escuelita en movimiento, donde el eje no pasa por el rendimiento sino por la posibilidad de participar, compartir y apropiarse del juego. En esta entrevista, sus creadores cuentan cómo surgió el proyecto, qué adaptaciones hacen en cada entrenamiento y cuáles son los sueños que los impulsan a seguir creciendo.
¿Cómo surgió la idea de crear Walking Gol en Córdoba y qué los motivó a armar una escuela de fútbol adaptado?
Walking Gol surge de la articulación entre una idea que ya venía gestándose y una búsqueda propia. La Fundación Argentina de Inclusión y Deporte impulsa el fútbol en andadores, y nosotros, que veníamos pensando cómo unir el fútbol con la psicomotricidad, encontramos ahí un punto de encuentro. Decidimos traer esta propuesta a nuestra provincia, donde no existía un espacio pensado específicamente para niños y niñas con discapacidad motriz dentro del fútbol. Nos motivó poder hacer algo concreto por los chicos, que muchas veces quedaban afuera de los espacios deportivos tradicionales. Lo que nos moviliza es simple: queremos que todos los chicos puedan jugar, no como una adaptación, sino como protagonistas. Porque jugar, para nosotros, es un derecho.
¿Cómo funciona hoy Walking Gol? ¿Dónde entrenan y a qué edades y discapacidades está dirigida la propuesta?
Funciona como una escuelita de fútbol adaptado para chicos y chicas de entre 6 y 16 años, aproximadamente. Entrenamos los jueves por la tarde en el predio de APM, en Córdoba Capital. La organización no responde a una lógica rígida, sino que se construye a partir de las posibilidades reales de cada chico: trabajamos en grupos, con propuestas flexibles, priorizando los tiempos individuales y la participación de todos. Está dirigida a quienes usan andadores, sillas de ruedas, bastones o muletas, y también a quienes tienen desafíos en su motricidad sin ayudas técnicas. No buscamos homogeneizar: que cada uno encuentre su manera de estar y de jugar.

“No partimos de la idea de adaptar a los chicos al fútbol, sino de transformar el fútbol para que cada uno pueda habitarlo desde sus posibilidades.”
“Queremos que todos
los chicos puedan jugar”
¿Qué adaptaciones hacen en los entrenamientos y qué cambios notaron en los chicos desde que empezaron?
Una de las adaptaciones concretas es achicar la cancha, lo que permite más cercanía con la pelota y una participación más activa. También ajustamos los tiempos, las consignas y las formas de juego. Pero lo más significativo fue lo que empezó a pasar con el tiempo: al principio muchos chicos querían ir al arco, porque aparece como un lugar más seguro, menos expuesto a la mirada del otro. Con el correr de los encuentros, a medida que se fue construyendo confianza, empezaron a animarse a salir, a moverse por toda la cancha, a participar más. Hoy los vemos recorrer el espacio, buscar la pelota, compartir jugadas. Y ahí aparece lo más valioso: no solo avances motrices, sino en la seguridad y en el disfrute.

¿Qué significa para ustedes llevar adelante esta iniciativa en Córdoba y qué sienten al ver a los chicos jugar y compartir con sus familias?
Es abrir un espacio que antes no existía, poner en movimiento algo que muchas veces quedaba solo en la idea de “inclusión” pero no encontraba un lugar real. También implica sostener una propuesta que desafía ciertas miradas instaladas. Es una experiencia muy movilizante: ver a los chicos llegar, entrar a la cancha, animarse, buscarse, compartir. Y hay algo que atraviesa todo, que es el lugar de las familias, que no solo acompañan sino que son parte. Se arma un clima donde no se trata solo de entrenar, sino de construir comunidad.
“Cuando el entorno deja de limitar, lo que aparece es la posibilidad. Se arma un clima donde no se trata solo de entrenar, sino de construir comunidad, y ahí las familias no solo acompañan: son parte de todo lo que sucede en la cancha.”
¿Qué sueños tienen para Walking Gol y cómo piensan lograr que el fútbol adaptado tenga cada vez más lugar en Córdoba?
Nuestro sueño es crecer sin perder la esencia: que cada chico tenga un lugar real dentro del juego. Proyectamos armar una estructura más sólida, incluso pensamos en constituirnos como organización, a futuro como fundación, para tener un marco más formal. Uno de los grandes objetivos es que los chicos tengan su propio espacio fijo de entrenamiento y su indumentaria, que refuerce el sentido de pertenencia que ya se construye en la cancha. Para eso creemos clave seguir visibilizando, generar redes con instituciones y sumar apoyos. Pero sobre todo, sostener lo que ya está pasando: porque cada chico que juega y cada familia que acompaña ya es una forma concreta de transformación.
Walking Gol da sus primeros pasos, pero ya es una realidad que se juega cada jueves en la cancha de APM. Detrás de los goles y las jugadas compartidas hay una convicción que sostiene todo el proyecto: que el deporte no debería tener límites para nadie. Panero y Cartello lo resumen en una palabra que atraviesa toda la propuesta: inclusión.
Más Información: Instagram: Walking Gol – Correo Electrónico: walkinggol2026@gmail.com – Contacto: Hernán 3704275232 – Dahyana 3585049021.





