En una casa de calle Chubut 837, en barrio Providencia, funciona Proyecto Hostel, una iniciativa que nació de múltiples encuentros, lecturas, experiencias y recorridos compartidos por personas vinculadas a la salud mental, la discapacidad, la educación y la cultura. No hay un único origen, explican sus integrantes, sino muchas “iniciaciones” que fueron tejiendo una idea común: crear un espacio donde alojar situaciones que muchas instituciones tradicionales no logran contener.
El proyecto es impulsado por un equipo diverso integrado por Eli Nahum, Matías Vaggione, Natalia Monasterolo, Gustavo Loigge, Ignacio Glaiel, Lucía Mondejar, Andrea Marconi, Flavia Rojas, Juan Zavala, Franco Guerra, Chili Sabaté y Daniel Groisman. Psicólogos, comunicadores sociales, pintores, psicopedagogos, chefs, acompañantes terapéuticos, psicoanalistas, radialistas, escritores, editores, filósofos, fotógrafos y abogados forman parte de una propuesta donde las profesiones no determinan rígidamente los roles.
La idea central es revalorizar la vida cotidiana como parte del cuidado, entendiendo que alojar, acompañar y convivir también puede ser una forma de construir lazos sociales. Por eso, quienes llegan no se encuentran con un funcionamiento estandarizado: cada situación se conversa y se evalúa de manera colectiva, respetando las características, necesidades e historias de cada persona.
“Proponemos una circulación voluntaria y libre. Pensamos en personas que atraviesan dificultades o crisis y necesitan permanecer durante el día o dormir algunos días en el espacio, para encontrar junto a otros nuevas maneras de estar”
El Proyecto Hostel está pensado para quienes atraviesan distintos momentos de dificultad, crisis o vulnerabilidad y necesitan permanecer algunas horas, pasar unos días o dormir temporalmente en un espacio acompañado. Pero también para personas que simplemente buscan una experiencia diferente de convivencia y autonomía, sin que necesariamente exista una situación crítica o una condición de discapacidad.
El acceso al espacio puede darse de distintas maneras: a través del vínculo con otros dispositivos, por recomendación de huéspedes, mediante consultas personales o incluso por derivación de profesionales de la salud mental. Esa diversidad también forma parte de la propuesta, que busca analizar cada situación en su contexto y construir, junto a cada persona, la modalidad de alojamiento y acompañamiento más adecuada.
Un lugar donde los
roles también se mezclan
La propuesta tampoco se limita al alojamiento. El espacio viene desarrollando talleres de bordado, encuentros de lectura, ciclos de cine y presentaciones de libros, mientras prepara nuevas actividades de escritura, cocina y música. La intención es que la casa tenga una circulación permanente y que el arte, la cultura y el encuentro funcionen también como herramientas para construir comunidad.
Esa lógica se refleja incluso en las tareas cotidianas: los integrantes cuentan que han visto chefs acompañando situaciones de vulnerabilidad, comunicadores cocinando, psicólogos sirviendo comida, filósofos limpiando la casa y huéspedes coordinando talleres o presentaciones. Todo se conversa y se construye colectivamente, en una circulación que busca evitar jerarquías rígidas.
En ese sentido, Proyecto Hostel marca una diferencia con los dispositivos tradicionales: no es un centro de día, ni una institución psiquiátrica, ni una casa de medio camino, ni una escuela especial, ni un centro educativo terapéutico, ni un lugar de internación prolongada. La intención es ocupar un espacio que consideran vacante y poner en práctica otras formas de acompañar, desde el respeto por la autonomía y la diversidad.
“La modalidad de acompañamiento y las actividades posibles se articulan según las características de la situación o demanda. Estamos organizando una grilla de actividades que incluye talleres de bordado, lectura, cine, presentaciones de libros y nuevas propuestas”
El proyecto también se sostiene gracias a una red que se fue construyendo con el tiempo. Personas vinculadas a otros dispositivos, profesionales de la salud mental, huéspedes, conocidos y vecinos se acercaron para conocer la propuesta, mientras que la difusión en medios de comunicación permitió que muchas otras personas realizaran consultas y descubrieran esta alternativa.
Más allá de las actividades y proyectos que ya están en marcha, el equipo imagina a Proyecto Hostel como parte de una gran red de dispositivos alternativos, capaz de generar nuevos diálogos y formas de convivencia. “No sabemos si la consolidación es una meta”, explican, porque entienden que mantenerse en construcción y atentos a lo que emerge es justamente lo que permite seguir habilitando otros alojes.
Ahora, el desafío es seguir tejiendo esa red. El equipo trabaja en nuevos talleres, un club de socios, una editorial destinada a publicar bibliografía inédita y la articulación con otros dispositivos que compartan la búsqueda de nuevas formas de acompañamiento y convivencia.
“Estamos con los brazos abiertos”, resumen desde Proyecto Hostel, mientras imaginan un espacio que no pretende quedar encerrado en una estructura definitiva. La apuesta es mantenerse en construcción, atentos a lo que emerge y a las necesidades de quienes llegan, porque detrás de cada tránsito hay una historia particular y, sobre todo, una persona que busca ser alojada y acompañada.-
+ información: Chubut 837 – B° Providencia – Instagram: Proyecto Hostel





