Desde hace más de cinco años, la casa de Mabel Aresca funciona como un refugio transitorio para chicos que, por distintas circunstancias, debieron ser separados de sus hogares. Jubilada de ARCA (ex AFIP) y de 69 años, integra el programa de familias de acogida de la Secretaría de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF). Recibió su primer acogimiento en enero de 2020, en plena pandemia, y desde entonces ya pasaron por su hogar 20 niños.
El programa busca que ningún niño alojado por una medida de protección quede sin un entorno afectivo y de cuidado mientras la Justicia resuelve su situación. En esta entrevista, Mabel explica cómo funciona el proceso, qué requisitos deben cumplir quienes quieran sumarse y, especialmente, cómo se atraviesa el desafío de acompañar a un niño sabiendo que algún día habrá que decirle adiós.
¿Cuál es la misión del programa de familias de acogida de la SENAF y qué sucede cuando un niño ingresa al sistema?
La misión es servir de contención a los niños que son retirados de sus hogares por diversas circunstancias. Se les brinda un hogar donde puedan estar cuidados hasta tanto la Justicia resuelva su situación. Cuando un niño es retirado de su hogar, ya hay una familia designada para alojarlo. El profesional de la SENAF que lleva el caso empieza a buscar familiares biológicos que puedan hacerse cargo, ya sean abuelos, tíos u otros parientes, tanto de la línea materna como de la paterna. Esto lleva tiempo, porque se los cita y se evalúa si es viable que el niño se inserte con ese familiar. Cuando se lo encuentra, comienza la revinculación, que se hace en las oficinas de la SENAF y con la presencia de los profesionales intervinientes.
“Acompañar sin apropiarme” resume una historia atravesada por el amor, pero también por la difícil tarea de saber que cada niño que llega a su casa algún día puede tener que irse. Porque para Mabel, abrir las puertas de su hogar no significa quedarse con una historia, sino estar presente mientras ese niño necesita una familia.
¿Quiénes pueden convertirse en familia de acogida y qué preparación necesitan para asumir esta tarea?
Cualquier persona mayor de edad puede serlo, siempre que no tenga antecedentes penales ni contra la integridad sexual. Hay que anotarse en el programa y pasar por entrevistas con un profesional de la SENAF, que evalúa si la persona es apta para esta actividad, que es sumamente gratificante. Una vez aceptada, la familia puede elegir o no la edad del niño que recibe. Algunos prefieren bebés y otros, como en mi caso, niños más grandes. Durante todo el proceso nos acompaña el profesional que lleva el caso del menor, a quien se le puede consultar cualquier duda o problema. En cuanto a la preparación, se necesita mucho amor, paciencia y empatía, para enseñarle y, sobre todo, demostrarle a un niño que llega muy vulnerado que no todos los adultos son malos.
La despedida: el desafío más difícil
¿Cuánto tiempo puede permanecer un niño con una familia de acogida y qué rol debe asumir esa familia durante ese período?Es variable. En mi caso, tuve niños durante tres meses y otros hasta tres años. Cuando la SENAF no encuentra un familiar biológico apto, da de baja la medida excepcional y el caso pasa a los tribunales de familia. Allí, el juez o la jueza decide si acepta el cese o devuelve las actuaciones a la SENAF para que siga buscando algún familiar responsable con quien el niño pueda volver. Si acepta el cese, las actuaciones pasan al área de adopción. Ahí se evalúan las características del niño y se le busca una familia acorde. Se elevan de una a tres carpetas al juez o la jueza, que decide a qué familia se lo entrega en adopción. Es muy importante que la familia de acogimiento acompañe este proceso para que el niño no sienta que lo abandonan nuevamente, y que lo haga siempre pensando en su bienestar y no en el dolor que representa su partida.
La despedida puede ser el momento más difícil. ¿Cómo se prepara a las familias para ese día y cómo se construye un vínculo sabiendo que es temporal?
El momento de la despedida es duro, pero siempre hay que pensar en el niño y en su futuro. El trabajo de la familia de acogimiento es temporal y eso uno lo tiene que tener súper claro. Como adultos, debemos ser capaces de no pensar en nuestros propios sentimientos. Lo importante es preparar al niño para que pueda irse, ya sea con un familiar o con una nueva familia adoptante, tranquilo y sin temor, sabiendo que esas personas lo van a seguir protegiendo.
“el rol de la familia de acogimiento no es solo cuidarlos, sino brindarles un entorno seguro y estable donde puedan empezar a sanar”
¿Qué significa para usted recibir a un niño en su casa?
Ser familia de acogimiento es abrir el corazón y el hogar para acompañar a los niños en momentos muy sensibles de sus vidas. Es recibirlos con amor, cuidado y respeto mientras se define su situación familiar o se prepara su camino hacia una familia adoptiva. No se trata solo de dar techo y comida: es ofrecer seguridad, contención y afecto; ayudarlos a sanar, a volver a confiar, a sentirse valiosos y queridos. Es sostenerlos en sus emociones, celebrar sus pequeños logros y ayudarlos a enfrentar sus miedos. Cuando llega un niño a mi casa, pasa a formar parte de mi familia y yo de la suya, aunque sea de manera transitoria. Muchos llegan con historias difíciles, miedos, inseguridades o heridas emocionales. Por eso, el rol de la familia de acogimiento no es solo cuidarlos, sino brindarles un entorno seguro y estable donde puedan empezar a sanar. Les enseñamos, con gestos cotidianos, que existen los vínculos sanos: que un adulto puede ser confiable, que el afecto no duele, que sus necesidades importan y que tienen derecho a ser escuchados y respetados.
Sé que es un rol transitorio, y eso lo hace tan especial como desafiante. Acompañar sin apropiarme, cuidar sabiendo que en algún momento deberán seguir su camino. Y cuando eso pasa, aunque duele, también siento una enorme alegría por haber sido parte de su historia y haber contribuido a que lleguen más fuertes y preparados a su familia definitiva.

¿Qué le diría a alguien que está pensando en convertirse en familia de acogida?
Ser familia de acogimiento es, en esencia, un acto de amor generoso, que tiene que ver con lo que Dios nos pide: “Quien recibe a un niño, a mí me recibe”. Esa es la óptica que me sostiene en esta tarea. La imagen que más me gusta al pensarme como familia de acogimiento es la de “puente”: ayudar a reconstruir, fortalecer y preparar a un niño para que pueda recibir y dar amor en su nueva familia, sin olvidar de dónde viene, pero con esperanza en lo que está por venir.
Más info: Instagram: Senaf Argentina


