En San Marcos Sierras (Córdoba), hay personas que se vuelven parte del paisaje por su manera de vivir. Brigitte Viel es una de ellas. Conocida como “la señora del pan” o simplemente “la francesa”, encontró en este rincón del norte cordobés un lugar donde combinar el trabajo cotidiano, el contacto con la naturaleza y una filosofía de vida que pone el acento en lo esencial.
Tiene 62 años y una historia que comenzó mucho antes de llegar a las sierras. A los 22, dejó Normandía (Francia) y salió a recorrer otros lugares. Durante un tiempo viajó con una amiga argentina, a quien fue a visitar a Capilla del Monte. Aquella visita terminó cambiando el rumbo de su vida: conoció a quien sería su compañero y, después de algunas vueltas, eligieron instalarse en San Marcos Sierras hace ya 20 años.

Hace 40 años dejó Francia y encontró en San Marcos Sierras su lugar en el mundo. Hoy vive de la elaboración de pan, dulces y miel, y apuesta por una vida sencilla, lejos de las redes sociales y la tecnología.
La decisión no fue casual. Junto al padre de sus hijos, hoy fallecido, buscó un lugar que ofreciera un equilibrio entre el campo y lo urbano. Allí encontró tranquilidad, paisajes que invitan a detenerse y una forma de relacionarse con los demás que valora especialmente. “Acá disfruto mucho de la paz y de la naturaleza”, cuenta. También destaca el buen trato de la gente, aunque considera que mucho depende de la actitud con la que cada uno se vincula con su entorno.
Para ganarse la vida, Brigitte convirtió sus habilidades en pequeños emprendimientos que llevan el sello de lo artesanal. Vende panes en el río y prepara dulces con las frutas de su propia huerta. Además, junto a su actual compañero, apostó por la producción de miel a partir de la compra de colmenas. Así, entre harinas, frutas y abejas, construyó una rutina que le permite sostenerse económicamente sin alejarse del estilo de vida que eligió.
Una vida sin pantallas
Su hogar está en la zona de El Rincón, un espacio que describe como muy agradable, aunque reconoce que el calor puede hacerse sentir durante el verano. De todos modos, hay un lugar que se lleva todas sus preferencias: el patio o el jardín. Allí encuentra ese contacto cotidiano con el aire libre que tanto disfruta, lejos de las urgencias y de las exigencias de una vida marcada por los horarios.
Esa búsqueda de sencillez también se refleja en su relación con la tecnología. “La Francesa” elige un estilo de vida analógico y sin redes sociales. No necesita estar conectada permanentemente ni recibir información a cada momento. “No uso redes porque son demasiadas informaciones que no necesito y con el WhatsApp me alcanza”, explica. Y recuerda que hubo un tiempo en el que ni siquiera existían los celulares, una manera de señalar que es posible vivir de otra forma.
Pero su interés por la vida interior va más allá de las decisiones cotidianas. “Brigit” también escribió un libro dedicado a las enseñanzas de los maestros espirituales ascendidos, especialmente las de Saint Germain. Aclara que no se trata tanto de una obra autobiográfica, sino de una manera de compartir conocimientos que considera valiosos para quienes buscan respuestas y desean profundizar en sí mismos.
“Hay que seguir el corazón y saber que todo es enseñanza y oportunidad para crecer. Pienso que en la vida hay que animarse, pero es bueno primero conocerse lo suficiente como para saber lo que a uno le gusta en realidad”.
El mensaje central de ese trabajo es una invitación al autoconocimiento como camino hacia la paz y la felicidad interior. El libro permanece en su casa y, cuando alguien se lo pide por WhatsApp, ella lo envía por correo. De esa manera, su experiencia espiritual encuentra lectores sin necesidad de plataformas digitales ni grandes estrategias de difusión: alcanza con el interés de quien busca y la voluntad de compartir.
A cuatro décadas de haber dejado Francia, Brigitte parece haber encontrado en San Marcos Sierras mucho más que un lugar para vivir. Entre el pan que ofrece junto al río, los dulces de su huerta, la miel de sus colmenas y las horas que disfruta en el jardín, sostiene una forma de vida en la que el trabajo y el bienestar personal conviven sin grandes artificios. Su historia invita a pensar que la sencillez no consiste en tener menos por obligación, sino en reconocer qué cosas hacen bien y elegirlas cada día.
Cuando le preguntan qué les diría a quienes sienten el deseo de dar un gran salto y buscar una vida más simple, su respuesta no propone fórmulas mágicas ni decisiones impulsivas. Para ella, primero hay que conocerse, entender qué nos gusta y cómo nos sentimos ante distintas situaciones. Después, animarse a elegir el contexto en el que queremos vivir, con sus pruebas y alegrías, con entrega y una actitud positiva. “Seguir su corazón y saber que todo es enseñanza y oportunidad para crecer en la gran universidad de la vida”, aconseja. Una filosofía que “Brigit” no solo transmite con palabras: también la pone en práctica, día tras día, en el lugar que eligió para llamar hogar.


