Dejaron todo en Buenos Aires y crearon su propio eco-glamping en Traslasierra

Luz y Santiago trabajaban en una agencia de publicidad. Hoy viven en las sierras de San Javier, donde levantaron con sus manos una casa de adobe y un complejo de carpas con energía solar, vertiente propia y vista al Champaquí.

Hace doce años, Luz y Santiago tomaron una decisión que muchos imaginan y pocos concretan: dejaron sus trabajos en una agencia de publicidad porteña, empacaron la vida que tenían y se fueron a criar a su hija Francisca, que entonces tenía apenas un año, lejos del ritmo de la gran ciudad.

El destino fue San Javier, en pleno valle de Traslasierra, a unos 220 kilómetros de la capital cordobesa. Eligieron un paraje llamado Achiras Arriba, a 850 metros sobre el nivel del mar, en medio del monte nativo y con el cerro Champaquí como paisaje de fondo. Había un detalle que para otros habría sido un freno: el tendido eléctrico no llegaba hasta ahí. Ellos lo tomaron como punto de partida.

«En mi vida había agarrado un ladrillo, menos barro»

La frase es de Luz, y resume cómo empezó todo. Ninguno de los dos tenía experiencia en construcción. Hicieron un curso de bioconstrucción, aprendieron lo básico y se pusieron manos a la obra.

Barro, paja y minga:
cómo se levantó el refugio

La primera obra fue la casa familiar, de adobe y con techo vivo. Los bloques se moldearon a mano con tierra arcillosa de la zona, agua y paja, y se secaron al sol, sin hornos. Los muros se levantaron y revocaron con mezclas de barro, arena de arroyo y bosta, sin cemento, para que las paredes respiren. Su espesor funciona como una batería térmica: absorbe el calor durante el día y lo devuelve de a poco por la noche, lo que mantiene la temperatura interior sin necesidad de climatización artificial.Solo recurrieron a albañiles para algunas cuestiones estructurales. Todo lo demás lo hicieron ellos, con la ayuda de la minga, esa tradición de trabajo colectivo en la que vecinos y amigos se juntan a dar una mano y después reciben la misma ayuda a cambio. «Nos vinieron a ayudar y después nos tocó a nosotros ir a dar una mano», recuerda Luz.

En esa casa, todavía alumbrada con faroles a kerosene, nació Jacinto, su segundo hijo. Con el tiempo llegó un segundo refugio y, después, las carpas que dieron forma al eco-glamping.

Así funciona
el complejo

Hoy el predio, rodeado de monte nativo, combina alojamiento y naturaleza. Las carpas están armadas sobre decks de madera elevados con pilotes, una solución que cuida el escurrimiento del agua de lluvia y evita compactar el suelo sobre las raíces de algarrobos y chañares. Cada una tiene vista a las sierras. Además de las carpas, el lugar cuenta con un rancho, una eco casa, senderos y vertientes, una pileta que es en realidad un tanque australiano, un fogón con parrilla, una cocina compartida con vajilla y una huerta biodinámica.El funcionamiento prescinde de la infraestructura tradicional:

  • La electricidad viene de paneles solares, pensados para iluminación y carga de dispositivos.
  • El agua llega desde una vertiente natural de montaña.
  • El agua caliente se obtiene con termotanques a leña.
  • Los baños son secos y se integran al manejo de residuos orgánicos del predio.

El complejo está abierto todo el año. Quienes quieran conocerlo o reservar pueden escribirles por Instagram a @glampingtraslasierra.

A doce años de aquella mudanza, Luz dice que el tiempo pasó rápido y que no se arrepiente. Para quien tenga ganas de cambiar pero no se anime, tiene un consejo: cualquier paso chiquito ya es parte del camino hacia donde uno quiere estar.Más info: Instagram: Glamping Traslasierra