Con apenas 18 años, el lateral derecho cordobés vive su primera experiencia en el fútbol europeo, donde defiende los colores de Niscemi y persigue el objetivo de salir campeón. Una historia de formación, aprendizajes y nuevos desafíos lejos de casa.
El fútbol empezó a ocupar un lugar importante en la vida de Mateo Sebastián Joya Benedetto cuando apenas tenía 6 años. Por entonces, sus primeros pasos se daban en los torneos del equipo de su barrio, Don Bosco, donde comenzó a descubrir una pasión que con el tiempo se transformaría en un proyecto de vida. Hoy, con 18 años, aquel chico que corría detrás de una pelota en Córdoba vive una realidad muy diferente: está en Niscemi, una localidad de Sicilia, Italia, transitando su primera experiencia en el fútbol europeo.

Su historia futbolística tuvo un recorrido marcado por la formación y la constancia. Primero pasó por la escuelita que funciona en el estadio Kempes y, a los 6 años, llegó a Instituto, institución en la que permaneció hasta los 18, entre 2014 y 2025. En el medio, durante 2018, también se sumó a la Escuela de Fútbol EFUL de B° Poeta Lugones, una experiencia que recuerda especialmente. “Fue muy importante para mí porque fue el lugar en donde me divertía y donde aprendí un montón de cosas, sobre todo a controlar frustraciones”, destaca. Más adelante, en 2026, tuvo un paso por Deportivo Laferrere de Buenos Aires, desde febrero hasta septiembre. “La verdad que un club hermoso, donde conocí gente increíble y muy linda”, cuenta “Joya”.
“EFUL fue muy importante para mí porque fue el lugar en donde me divertía y donde aprendí un montón de cosas, sobre todo a controlar frustraciones”
En ese camino también hubo cambios dentro de la cancha. De pequeño jugaba como delantero, pero al llegar a Instituto comenzó a desempeñarse como lateral por derecha, posición que ocupa actualmente. Al momento de describirse como futbolista, no duda: “Yo me considero un jugador rápido e inteligente. Mi punto fuerte es atacar a los espacios vacíos y los centros”. Entre los jugadores que observa y toma como referencia aparece Lautaro Blanco (jugador de Boca). Sin embargo, cuando habla de quienes dejaron una huella en su formación, hay un nombre que sobresale: Sebastián Vázquez. “Fue el que me ayudó a entender que el fútbol era un juego y que podía tener partidos malos”, recuerda, una enseñanza que va más allá de cualquier resultado.
La posibilidad de cruzar el océano comenzó a tomar forma a principios de año, aunque en aquel momento Mateo sintió que todavía no estaba preparado para dar semejante paso. La oportunidad volvió a presentarse a comienzos de septiembre, esta vez con una propuesta que lo convenció. “Me dijeron que había una linda oportunidad en un lindo club y decidí venirme a Italia”, explica el hijo de Carolina y Sebastián. La decisión también estuvo relacionada con las posibilidades deportivas que se le abrían. “Me vine a Italia porque son muy diferentes las situaciones en las que estaba en Argentina y las que iba a tener en Italia. En Argentina era seguir jugando en una 4.ª división y acá era venir a una primera y a un club con el objetivo de ascender a una Serie D”. El 29 de septiembre tomó el avión rumbo a su nuevo destino: Niscemi.
“En Argentina era seguir jugando en una 4° División y acá en Italia era venir a una primera y a un club con el objetivo de ascender a una Serie D… Lo tomo como un gran desafío”.
“En Italia, el fútbol es más técnico”
La adaptación comenzó en un club que, desde el primer momento, le ofreció un entorno favorable para trabajar y crecer. “El club es muy lindo, hay una linda calidad humana y mucha hambre de salir campeón. El equipo está puntero en el Torneo y avanzando a instancias finales en Copa Italia. El fútbol acá es diferente, no es tan físico, es más técnico”, describe el hermano de Lorenzo y Thiago. El equipo participa en la Eccellenza, categoría que representa el quinto escalón del fútbol italiano, y también disputa la Copa Italia. Allí comparte plantel con futbolistas de distintas nacionalidades, una diversidad que le permite conocer otras culturas y formas de vivir el deporte. Entre ellos hay dos argentinos, Lucas y Marcos, quienes fueron fundamentales en sus primeros días. “La verdad me recibieron bastante bien y, cuando me pueden ayudar en lo que necesite, me ayudan”, sostiene el joven defensor cordobés. También convive futbolísticamente con compañeros brasileños, franceses y de otros países. En cuanto a las condiciones, asegura que la institución le brinda muy buenas comodidades y que su vínculo se extiende hasta el final de la temporada.

Fuera de la cancha, la experiencia también le está dejando momentos que disfruta. Niscemi lo recibió con una calidez que no esperaba encontrar tan rápidamente. “La ciudad en donde estoy está muy linda. Sinceramente, me gustó muchísimo, sobre todo las personas que viven en el lugar, siempre que me ven por la calle me saludan y me tiran la buena onda y la comida que hay acá es increíble”, relata. Sobre las costumbres, encuentra más similitudes que diferencias entre ambos países: “Es bastante similar la vida de Italia con la de Argentina, no tiene muchas diferencias”. De todos modos, hay un desafío cotidiano que todavía debe superar: el idioma. “Lo que me cuesta un poco es hablar el italiano, pero, por suerte, me tocaron buenos compañeros en la casa, me ayudan todos los días a mejorar el idioma y siento cada día aprendo alguna palabra nueva. En lo personal, me siento cada vez mejor y con el paso del tiempo me voy adaptando a esta nueva vida. Estoy contento, y me está sirviendo mucho vivir esta experiencia lejos de mi casa y mis afectos”.
“Es mi primera vez afuera del país y estoy viviendo una experiencia muy linda y enriquecedora. siento que me está sirviendo mucho vivir este presente lejos de mi casa y mis afectos”
La distancia de Córdoba también representa un aprendizaje personal. Su familia, integrada principalmente por su mamá Carolina, su papá Sebastián y sus hermanos Lorenzo y Thiago, quedó en Argentina, acompañando desde lejos este nuevo capítulo. Mateo vivía en B° Marqués de Sobremonte y realizó sus estudios primero en el Instituto Educativo Alta Córdoba y luego en el PIT, ubicado en el Kempes. Actualmente no está cursando estudios y concentra sus energías en esta oportunidad deportiva, que significa mucho más que cambiar de camiseta o de país: es comenzar a construir su propio camino en el fútbol profesional, lejos de los lugares que lo vieron crecer.
La ilusión está puesta en el presente, pero también en todo lo que pueda venir después. Es su primera experiencia fuera de Argentina y sabe que cada entrenamiento, cada partido y cada minuto en cancha representan una oportunidad para seguir evolucionando. No esconde sus prioridades ni sus ambiciones: “Mi objetivo es salir campeón este año”. Y enseguida agrega una meta personal que considera fundamental para su desarrollo: “Después me interesa jugar la mayor cantidad de minutos porque para mí es la forma que tiene uno de mejorar y crecer”. Con apenas 18 años, Mateo Joya cambió las calles de Marqués de Sobremonte por los paisajes sicilianos, los entrenamientos en Córdoba por una nueva competencia y la cercanía de su familia por el desafío de abrirse camino en otro continente. La pelota sigue siendo la misma, pero ahora rueda detrás de un sueño que lo llevó mucho más lejos de lo que alguna vez imaginó.-

Más info: Mateo Joya



