Bordado sustentable: cuando el remiendo se luce y la ropa tiene una segunda oportunidad

Aprender a reparar, reutilizar y transformar textiles con técnicas japonesas como el Boro y el Sashiko es la propuesta de Pilar Juncos, artista textil que dicta clases semanales en Casa de Pepino y, desde octubre, en Azares Multiespacio de B° Bajo Palermo.

Ante el avance de la moda de descarte, crece el interés por prácticas que alargan la vida de la ropa. El Taller de Bordado Sustentable propone mirar de otra manera esa prenda gastada, manchada o rota que solemos dejar en el fondo del placard. Se trabaja con retazos, jeans usados, sábanas, manteles y lo que cada persona tenga en casa, sin necesidad de experiencia previa.

Detrás del taller está Pilar Juncos, de 52 años y vecina de Nueva Córdoba. Es técnica universitaria en Arte Textil y artista textil, y lleva estas técnicas a una mirada contemporánea donde reparar deja de ser algo para esconder y se vuelve parte de la identidad de cada pieza. En diálogo con Expresión Norte, explicó de qué se trata, cómo se trabaja y por qué vale la pena hacer visible el remiendo.

¿En qué consiste el taller y qué son el Boro y el Sashiko?
Es un taller que propone mirar el textil de otra manera: aprender a reparar, reutilizar y transformar lo que ya tenemos antes de pensar en descartarlo. Trabajamos a partir de dos técnicas japonesas. El Boro consiste en reparar superponiendo y uniendo fragmentos de tela para prolongar su uso. Se utilizaba sobre todo después de la Segunda Guerra Mundial, en épocas de mucha necesidad y pobreza, cuando las prendas acumulaban parches y capas de reparación que conservaban las huellas de quienes las habían usado y arreglado. Hoy lo retoman diseñadores de moda y decoración, y artistas visuales. El Sashiko, en cambio, es un bordado basado en el punto hilván que históricamente servía para reforzar los textiles. Con el tiempo, sus diseños geométricos pasaron a ser también un elemento decorativo. En mi taller uso estas técnicas como punto de partida y las llevo a una mirada más contemporánea: trabajamos con retazos, prendas usadas y textiles en desuso, y experimentamos con bordado, collage y reparación.

¿Cómo se vinculan estas técnicas con el reciclado de telas y la moda circular?
La relación es directa, aunque hay que recordar que estas prácticas surgieron cuando aprovechar los materiales era una necesidad y reparar formaba parte de la vida cotidiana. La moda circular es una práctica más, que dialoga con la reparación, el consumo responsable y la reutilización. El Sashiko permitía reforzar una tela; el Boro, reconstruir un textil a partir de fragmentos y prendas anteriores.
En las clases recuperamos ese espíritu desde nuestra realidad actual. Nos preguntamos qué hacer con un jeans gastado, un retazo, una sábana o un mantel con una rotura o una mancha. Antes de descartarlos, podemos intervenirlos, repararlos y convertirlos en algo nuevo.

“El Sashiko permitía reforzar una tela; el Boro, reconstruir un textil a partir de fragmentos y prendas anteriores. Así, Antes de descartarlos, podemos intervenirlos, repararlos y convertirlos en algo nuevo”

Del jeans al bolso:
manos a la obra

¿Qué se puede crear con estos métodos y cómo es el proceso?
Las posibilidades son muy amplias. Se pueden intervenir pantalones (de jeans a gabardina), camperas, camisas y textiles de punto como los sweaters. También se hacen mantas, parches con retazos y collages textiles, y se puede transformar un jeans en un bolso (upcycling) o una mancha en un bordado artístico con nueva identidad. El proceso empieza observando la pieza: registramos el deterioro, su historia, sus colores y texturas, y qué queremos conservar. Después hacemos un boceto, elegimos materiales, paleta de color, técnica de bordado y retazos, pensamos la composición y definimos el estilo. Cada prenda es única y tiene una identidad, y la alumna aprende a reconocerla. En ese camino, también construye su propia identidad como artista textil. Luego viene el trabajo manual: superponer, unir, reparar, bordar, reforzar y transformar, a veces con patrones Sashiko y otras dejando que el trabajo sea libre y experimental. Es interesante que cada pieza conserve algo de su historia: no buscamos que una prenda reparada parezca nueva, sino que la reparación forme parte de su nueva identidad.

 ¿Hace falta saber coser? ¿Qué materiales se necesitan?
No hace falta tener conocimientos previos de costura ni de bordado: partimos de lo más básico y las técnicas se incorporan de forma progresiva. Para empezar recomiendo telas planas, no elásticas, que son más fáciles de manejar, como algodón, jeans, gabardina, lino, lienzo o poplin. Más adelante se suman los textiles de punto, las sedas, los encajes y el tul. Con los hilos pasa lo mismo: van desde el hilo de coser hasta los de bordado tipo perlé o mouliné, según la tela. Las agujas también varían según el hilado, la pieza y la técnica. La propuesta es no comprar nada y trabajar con lo que hay en casa. Siempre hay una puntilla dando vueltas o botones sin prenda: todo se incorpora.

“No buscamos que una prenda reparada
parezca nueva, sino que la reparación
forme parte de su nueva identidad”

Más allá de lo estético, ¿qué valor cultural y ecológico tiene hacer visible el remiendo?
Estamos acostumbrados a pensar que una prenda tiene que estar impecable y que, si se rompe o se mancha, hay que arreglarla disimuladamente. El remiendo visible, o visible mending, cambia esa mirada: la reparación deja de ocultarse y se convierte en parte estética e histórica de la prenda. Hemos logrado darle una nueva identidad a prendas que hubiesen terminado en el descarte.
Ecológicamente, reparar extiende la vida útil de los textiles y reduce la necesidad de reemplazarlos, algo que va de la mano de la moda circular, el slow fashion y el reciclaje. A nivel mundial tenemos un problema gravísimo de contaminación textil y de uso del agua en la fabricación de un jeans, sin olvidar la explotación laboral. Personalmente, creo que podemos comprar ropa nueva, pero porque nos hace felices, no porque lo dicta una moda o nos lo impone una publicidad. Además, cuando reparamos una prenda que queremos, o la transformamos en algo distinto pero útil, estamos diciendo que merece una segunda oportunidad y recuperamos su valor afectivo: por algo no pudimos descartarla. Y al hacer visible la reparación, también ponemos en valor el trabajo manual, el tiempo y la creatividad que hay detrás de ese gesto.

Así, con una aguja, un poco de hilo y las prendas que ya tenemos, el bordado sustentable invita a cambiar el reflejo de tirar por el de reparar, y a descubrir que una rotura puede ser el comienzo de una pieza nueva. Quienes quieran sumarse pueden hacerlo sin experiencia previa: las clases se dictan los viernes por la mañana en Casa de Pepino (Güemes) y, desde octubre, los jueves por la tarde en Azares Multiespacio (Bajo Palermo).

Más info: Pilar Juncos Arte Textil