1 agosto 2026
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“Chicos Católicos, Apostólicos y Romanos”: la comedia que mira la infancia sin filtros llega a Córdoba

Dirigida por Juan Valentín Ariza y producida por Teatro La Brújula, la obra de Juan Paya desembarca en la escena cordobesa con un elenco de amigos que llevan años compartiendo el oficio. Entre risas, memoria de infancia y preguntas incómodas, hablan sobre el proceso creativo, los desafíos de interpretar niños y lo que esperan dejar en el público. Funciones, domingos de Agosto y Setiembre a las 20hs. en la sala de B° Cofico.

Hace tres años, una función de Chicos Católicos, Apostólicos y Romanos transmitida por Teatrix bastó para que Juan Valentín Ariza no pudiera sacarse la obra de la cabeza. Aquella historia, contada desde la mirada de cuatro chicos que cuestionan un mundo de reglas y verdades impuestas por los adultos, se convirtió en un sueño concreto: traerla a Córdoba. Ese sueño hoy es realidad, de la mano de Teatro La Brújula y un elenco que llegó a este proyecto por un camino poco frecuente: la amistad.

Joaquín Chávez, Juan Valentín Ariza, Agustín Capdevila, Daniel Méndez y Gabriel Martínez integran el elenco de esta puesta, con Ariza también al frente de la dirección. Los cinco se conocen desde hace años y comparten una formación común: Chávez, de hecho, fue profesor de sus compañeros en su academia, Rojo Teatro. El staff se completa con Juan Paya como autor del texto original, Pampa Moreyra en asistencia de dirección y producción general, Mari Ceballos en iluminación, Sebasix en fotografía y Nico Constantino en diseño gráfico.

Con funciones los domingos a las 20hs. de Agosto y Setiembre en Teatro La Brújula (Rivadavia 1452 – B° Cofico), la obra combina comedia irreverente y humor negro con una mirada profundamente humana sobre la infancia, la religión, la sexualidad y las reglas que los adultos les imponen a los chicos.

¿Cómo surgió la idea de llevar juntos “Chicos Católicos, Apostólicos y Romanos” al escenario?
Este proyecto nació de una necesidad personal de hacer algo diferente, tanto como director como actor. Hace aproximadamente tres años tuve la oportunidad de ver Chicos Católicos, Apostólicos y Romanos por Teatrix y fue una de esas obras que te quedan dando vueltas en la cabeza. Me atrapó la historia, la forma en la que estaba contada y, sobre todo, el hecho de que fueran cuatro chicos quienes, desde su inocencia, se animaran a cuestionar un mundo lleno de reglas, prejuicios y verdades impuestas por los adultos. Me pareció una mirada muy inteligente, muy divertida y, al mismo tiempo, profundamente humana. Desde ese momento soñé con traer esta obra a Córdoba y, por suerte, este año ese sueño pudo hacerse realidad. Pero también fue posible gracias al apoyo incondicional de Pampa Moreyra, nuestro productor y asistente de dirección, y de todo el equipo de Teatro La Brújula. Ellos confiaron en el proyecto desde el primer momento y nos dieron el espacio y el impulso para hacerlo realidad. Con el elenco nos conocemos desde hace muchos años. Somos un grupo de actores que crecimos y nos formamos juntos. De hecho, Joaquín Chávez fue profesor de todos nosotros en su academia, Rojo Teatro. Ahí nació nuestra amistad, nuestro amor por el teatro y una manera muy parecida de entender este oficio. Ensayar era un placer: nos divertíamos muchísimo y, al mismo tiempo, trabajábamos con una enorme responsabilidad para ofrecerle al público el mejor espectáculo posible.

¿Es la primera vez que comparten una obra como elenco?
Sí, como elenco completo es la primera vez que compartimos un proyecto. Si bien entre nosotros ya habíamos trabajado en distintas obras y en diferentes combinaciones, nunca nos había tocado coincidir los cinco sobre un mismo escenario. El mayor desafío fue, sin dudas, la construcción física de los personajes. No queríamos que el público viera adultos interpretando niños; queríamos que, desde el primer minuto, creyera que estaba viendo a esos chicos. Eso implicó un trabajo muy profundo sobre la corporalidad, el ritmo, la energía y la forma de habitar el escenario. Y lo más divertido fue el proceso creativo: aunque respetamos completamente el texto de Juan Paya, durante los ensayos aparecieron ocurrencias, remates y pequeños detalles que fueron enriqueciendo la puesta desde nuestra propia identidad.

“Los chicos no juzgan; preguntan. Y cuando un niño pregunta, muchas veces deja en evidencia contradicciones que los adultos naturalizamos”

Domingo de risas
y preguntas incómodas

La obra aborda temas como la religión, la sexualidad, el pecado y las reglas de los adultos desde la mirada de cuatro chicos. ¿Qué fue lo que más les atrajo de esta historia y qué creen que la hace tan actual?
Lo que más me atrapó de esta obra es que pone a los chicos en el centro de la historia. Son ellos quienes hacen las preguntas, quienes observan el mundo y quienes intentan entender cosas que muchas veces los adultos damos por sentadas. Esa mirada inocente, curiosa y completamente honesta es lo que hace que la obra tenga tanta fuerza. Los chicos no juzgan; preguntan. Y cuando un niño pregunta, muchas veces deja en evidencia contradicciones o situaciones que los adultos naturalizamos. Ahí aparece el humor de la obra, que no nace de burlarse de los temas que aborda, sino de la lógica tan desarmante con la que un chico intenta comprender el mundo. Más allá de la religión, la sexualidad o las reglas que nos imponen cuando somos chicos, la obra habla de la infancia y de esa etapa en la que empezamos a construir nuestra manera de pensar. También aparecen situaciones como el bullying, la necesidad de pertenecer y el miedo a ser diferente, temas que lamentablemente siguen muy presentes en las escuelas y en la sociedad.

Aunque es una comedia irreverente y de humor negro, también invita a reflexionar. ¿Con qué sensación esperan que el público salga del teatro después de ver la obra?
Buscamos principalmente que la gente se desconecte durante una hora de sus responsabilidades y del ritmo del día a día, y que se permita reírse con total libertad. Como hacemos funciones los domingos, nos gusta pensar que el público se va con la energía renovada para encarar la semana. A la vez, la obra genera un espacio interesante para la charla posterior: invita a debatir sobre los mandatos con los que crecimos y sobre lo que se les inculca a los chicos. Queremos transmitir que el humor es algo que ayuda a sanar, pero que también es necesario tomar conciencia de lo que le decimos a una infancia, porque una frase en esa etapa puede marcar a una persona para toda la vida.

“El humor es algo que ayuda a sanar, pero también es necesario tomar conciencia de lo que le decimos a una infancia.”

¿Cuáles son sus proyectos y sueños como elenco?
Nuestro primer deseo hoy es ver la sala llena en cada función, que la gente venga, se divierta y disfrute de todo el amor y la pasión que le pusimos a esta producción. Si miramos hacia adelante, nos encantaría que este proyecto tenga un recorrido largo y siga creciendo. Y si nos permitimos soñar en grande, el objetivo es hacer muchas funciones a sala llena y lograr que la obra deje una huella, convirtiéndose en un hito que marque un antes y un después en la escena teatral cordobesa.

Entre bambalinas de Teatro La Brújula, el elenco de Chicos Católicos, Apostólicos y Romanos habla de este montaje como quien habla de un reencuentro. No solo llevan al escenario el texto de Juan Paya, sino también años de amistad, formación compartida y una manera común de entender el oficio. Esa complicidad, dicen, se nota en cada función: los domingos, cuando las luces de Mari Ceballos se encienden sobre el escenario, cinco amigos vuelven a ser, por una hora, cuatro chicos con preguntas incómodas y una ciudad entera dispuesta a reírse de sus propias contradicciones.

+ Información: Instagram: Chicos Católicos, Apostólicos y Romanos