Doce hijos, una vida de amor y sueños: la historia de Sandra, la “Mamá pato”

A los 57 años, esta profesora de Teatro, vecina de B° Parque Chacabuco y mamá de doce hijos disfruta de una familia que sigue creciendo y de los sueños que recuperó después de dedicar años a la crianza. Hoy, también es abuela de cinco nietos y continúa estudiando, trabajando y creando.


“Soy oriunda de San Francisco, Córdoba, y vine a la capital para estudiar Medicina. Llegué hasta cuarto año, pero durante esa etapa quedé embarazada de Emiliano (36 años), mi primer hijo, y mi vida comenzó a transitar un camino que jamás había imaginado. Después llegaron Leandro (35), Melisa (33), Milena (31), Agustín (30), Lucrecia (29), Juan Ignacio (26), Gonzalo (25), Candelaria (22), Constanza (21), Sol (19) y Jeremías (17). Nunca soñé específicamente con tener doce hijos: la vida simplemente me fue sorprendiendo y hoy miro hacia atrás y veo doce personas con sus propios caminos, sueños y proyectos”
, expresó Sandra Beatriz del Valle Abrile, una verdadera “Super-Mamá”.

¿Qué recuerdos guardás de esos años en los que los chicos eran pequeños y la casa estaba llena de movimiento?
La llegada de cada uno fue recibida con muchísimo amor junto a Juan Carlos, mi esposo, mi compañero y mi gran amor. La verdad que nunca sentí que, por ser tantos, los momentos importantes perdieran valor. Disfruté el primer diente, los primeros pasos, llevarlos a la escuela, acompañarlos en sus aprendizajes y esas escenas cotidianas que hoy son algunos de mis recuerdos más queridos. Salir todos juntos era como ir con una “mamá pato” y sus patitos detrás, y también recuerdo esa mesa larga donde se sentaban a hacer las tareas. Si pudiera volver atrás, volvería a detenerme en esas mismas pequeñas cosas, porque ahí se estaba construyendo nuestra historia.

¿Y cómo hacías para organizar una familia de doce hijos sin que todo se convirtiera solamente en horarios y obligaciones?
Me fui organizando con la vida misma. Había escuela, tareas, deportes, actividades y necesidades particulares, por lo que la organización era indispensable, pero nunca quise que nuestra vida familiar se transformara solamente en cumplir horarios. Las salidas eran muy importantes: ir al cine y después a McDonald’s era todo un acontecimiento, porque somos muy cinéfilos y todavía compartimos esos pequeños placeres como el helado, los pururú y el chocolate. También construimos nuestras propias tradiciones, como Halloween, las pijamadas, los cumpleaños y las reuniones familiares. 

“Ser mamá puede ser una parte inmensa de nuestra vida, pero seguimos siendo mujeres con deseos, inquietudes y sueños propios. A veces esos sueños pueden esperar un tiempo.”

¿Qué pasó cuando tus hijos crecieron y llegó el momento de pensar también en vos?
Durante muchos años no trabajé fuera de casa porque mi prioridad era criarlos y acompañarlos. Hasta que, hace aproximadamente diez años, miré a mi alrededor, vi que la casa estaba organizada y que ellos ya habían crecido, y por primera vez pensé: “Ahora es mi momento”. Una noche, durante la cena, les conté que había decidido comenzar el Profesorado de Teatro en la Universidad Provincial de Córdoba. Ellos me respondieron: “Mami, todos te apoyamos. Contá con nosotros”. Después de tantos años acompañando sus pasos, sus estudios y sus sueños, fueron ellos quienes estuvieron a mi lado cuando decidí dar un nuevo paso en mi propia vida.

Una mujer detrás de la mamá

¿Qué lugar ocupa hoy el teatro y qué actividades desarrollas actualmente?
Actualmente soy Profesora de Teatro y ejerzo la docencia, una tarea que amo porque disfruto acompañar a mis estudiantes en sus procesos creativos y ver cómo encuentran en el teatro un espacio para expresarse. También soy directora del Grupo de Teatro Enigma, continúo vinculada a la Universidad como adscripta en dos cátedras y, lejos de sentir que mi etapa de estudiante terminó, actualmente curso el Profesorado de Artes Visuales. Tengo 57 años y sigo estudiando, trabajando, creando, dirigiendo y haciendo proyectos. Mi propia historia me enseñó que ser mamá y ser mujer con proyectos, deseos y sueños propios no son caminos opuestos. 

¿Es más sencillo ser Mamá o Abuela?
Hoy tengo la alegría de ser abuela de cinco varones: Tomás, Martín, Fausto, Bruno y Felipe, y con ellos descubrí una nueva forma de querer. No creo que ser abuela sea más fácil o más difícil que ser mamá: es diferente. Como abuela puedo disfrutarlos y acompañarlos respetando que la responsabilidad de la crianza pertenece a sus padres, aunque cuando vienen a mi casa también saben que la abuela pone límites.

¿Cómo te definirías como mamá después de tantos años de maternidad?
Me definiría como una mamá empática, amorosa y, sobre todo, muy presente. Soy de abrazar, besar y demostrar el cariño todo el tiempo y probablemente mis hijos dirían que soy bastante cargosa, porque todavía tengo ese impulso de querer tenerlos a todos bajo mis alas. Ellos ya crecieron y aprendí que acompañar a un hijo adulto significa respetar sus elecciones, incluso cuando uno hubiera elegido otra cosa. Intento estar cerca sin invadir, aunque eso de “soltar” todavía lo estoy aprendiendo. Para mí estar presente es celebrar, escuchar, abrazar, acompañar y también sostener cuando alguno lo necesita. La maternidad cambia con el paso de los años, porque ya no se trata de decidir por ellos, sino de respetar sus caminos y saber que siempre pueden volver. No creo que exista una maternidad perfecta ni que tengamos que exigirnos ser madres perfectas: podemos equivocarnos, aprender, volver a empezar y seguir acompañando.

¿Qué significa para vos celebrar el Día de la Madre?
Para mí, el Día de la Madre son todos los días. Está en una llamada, en un mensaje, en preguntar si llegaron bien, en un abrazo y en estar atentos a lo que le pasa al otro, aunque los hijos ya sean grandes. Pero confieso que hay dos fechas que espero con muchísima ilusión: mi cumpleaños y el Día de la Madre. Esos días me dejo mimar, me llenan de besos y abrazos, desayunan conmigo en la cama y siempre encuentran alguna manera diferente de sorprenderme.

¿Cuáles son los sueños?
Tengo muchos. Uno es viajar a España para reencontrarme y abrazar a mi hija Milena; otro es poder tener mi propio espacio teatral, una sala donde cada profesor y profesora de Teatro que se reciba de la UPC pueda encontrar un escenario y tener la oportunidad de maravillarnos sobre las tablas. Y hay un sueño que seguramente me acompañará siempre: ver a mis hijos realizarse, verlos felices y verlos convertirse en aquello que cada uno alguna vez soñó ser. Pueden tener 36, 30, 25 o 20 años, ser profesionales, estudiantes, padres, madres, vivir cerca o estar al otro lado del océano, pero cuando los miro inevitablemente sigo viendo un poquito a aquellos chicos que caminaban detrás de mí. De alguna manera, para mí siempre van a seguir siendo mis niños. De alguna manera, para mí siempre van a seguir siendo mis niños. 

“Para mí, el Día de la Madre son todos los días.
Está en una llamada, en un mensaje, en preguntar si llegaron bien, en un abrazo y en estar atentos a lo que le pasa al otro, aunque los hijos ya sean grandes”

¿Un mensaje para otras mamis?
Les diría que intenten disfrutar también de lo pequeño y cotidiano, porque el tiempo pasa mucho más rápido de lo que creemos. Y
también que no se olviden de ellas mismas: ser mamá puede ser una parte inmensa de nuestra vida, pero seguimos siendo mujeres con deseos, inquietudes y sueños propios. A veces esos sueños pueden esperar, como me pasó a mí, pero un día pude decir “Ahora es mi momento” y descubrí que todavía tenía muchísimo por aprender, crear y vivir.-

Más info: Sandra Abrile