El silencio del taller de B° Jardín se interrumpe apenas por el roce del papel y el sonido leve de una plegadera marcando un pliegue. Allí, entre herramientas, hilos y materiales delicados, Tamara Chara Cross trabaja con una paciencia que parece ir a contramano del ritmo actual. Cada libro que pasa por sus manos es una historia que vuelve a respirar.
Su vínculo con los libros no nació de un día para el otro. “Mi interés por los libros comenzó a partir del contacto con ellos como objetos culturales y fuentes de conocimiento”, cuenta. Con el tiempo, esa curiosidad fue más allá del contenido: “Empecé a interesarme no solo por lo que decían, sino también por su materialidad: el papel, las encuadernaciones, los procesos de edición”.

Esa inquietud fue creciendo hasta transformarse en una decisión de vida. “Comprendí la importancia de preservar el patrimonio bibliográfico para que pueda ser consultado por futuras generaciones”, explica. Fue entonces cuando decidió formarse profesionalmente en ese camino.
“Comprendí la importancia de preservar el patrimonio bibliográfico para que pueda ser consultado por futuras generaciones”
El oficio de conservar historias
Tamara cursó la Tecnicatura Universitaria en Encuadernación y Conservación, una formación de tres años que combina teoría y práctica intensiva. “Lo más valioso que aprendí fue comprender al libro no solo como un objeto de lectura, sino como un objeto material y patrimonial que requiere cuidados específicos”, afirma.
Durante ese proceso, adquirió conocimientos clave sobre los materiales que componen un libro. “Aprendí sobre distintos tipos de papel, tintas, adhesivos y encuadernaciones, y cómo reaccionan frente a factores de deterioro como la humedad, la luz o el uso”, detalla. Esa mirada integral le permite intervenir cada pieza con criterio y respeto.
Entre sus herramientas indispensables menciona plegaderas, bisturíes de precisión, reglas metálicas y prensas.
“También uso papeles japoneses para reparaciones, adhesivos reversibles y materiales libres de ácido”, explica Tamara. Todo está pensado para conservar sin alterar la esencia original de cada libro.

El tiempo, en este oficio, no se mide en horas sino en procesos. “La demora depende del estado del libro y del nivel de intervención que necesite. Cada pieza es distinta y requiere un trabajo minucioso”, señala y remarca: “Es un proceso que requiere paciencia porque cualquier error es irreversible”.
Pero más allá de la restauración, hay un mensaje que busca transmitir. “El objetivo no es solo reparar, sino conservar la historia del libro”, resume.
En cada intervención hay una responsabilidad que va más allá de lo técnico.

También comparte consejos simples pero fundamentales para el cuidado cotidiano. “Lo principal es evitar la humedad, el calor y la luz directa”, recomienda. Y suma: “Guardarlos en posición vertical, limpiarlos y manipularlos con cuidado hace una gran diferencia a largo plazo”.
En tiempos donde lo digital parece imponerse, Tamara elige otro camino. Uno más lento, más artesanal, pero profundamente necesario. Porque mientras haya historias que merezcan ser contadas, siempre habrá alguien dispuesto a cuidarlas hoja por hoja.
Más info: Cel. 3517610095





