En el corazón del barrio Alto Verde conviven dos generaciones de peluqueros en la peluquería más tradicional de la zona. Si bien Juan Tejerina dejó de cortar hace un tiempo, su hijo Martín sigue el legado que una vez le transmitió su padre.
Blue Peluquería ya cuenta con muchos años de vida y en actividad ininterrumpida, dialogamos con Martín Tejerina, hijo de Juan e Irma, para conocer su acercamiento al oficio y al arte de la profesión:
¿Cómo empezaste en el mundo de la peluquería y qué te motivó a elegir esta carrera? ¿Cómo comenzó tu papá?, primera generación de peluqueros.
La historia de la peluquería empieza hace como 40 años cuando una jubilación anticipada de mi papá Juan, en el Correo, lo pone en la búsqueda de una nueva salida laboral. Y por el consejo de un primo, estudian peluquería juntos. El curso básico duraba un año, adquiriendo así en esa etapa las primeras herramientas para ejercer como peluqueros.
Se pusieron manos a la obra y acondicionaron el garaje de mi casa paterna, transformándola en una peluquería. Luego, con el tiempo, y por razones laborales, mi primo deja la sociedad y queda cortando el pelo solo mi papá.
Por aquellos tiempos, yo estaba cursando el segundo año del secundario en el colegio Taborda, y recuerdo una conversación que tuve con mi papá, en la cual me preguntó: “Hijo, ¿Qué harás cuando termines el secundario?”. A mis 14 años sinceramente no tenía idea de qué sería de mi vida, por lo que mi papá me dijo: “Podes estudiar la carrera que quieras en la facultad, pero un oficio también vas a tener”, y antes no había mucha opción, se hacía lo que tus padres decían. Fue así que empecé a estudiar peluquería, y a los 15 años ya tenía las tijeras en mis manos.
Imagínate las gastadas que tuve que soportar en colegio con esa edad, al enterarse mis compañeros que era peluquero. El tema de la homosexualidad iba de la mano con la peluquería. Y el estigma que tenía en la espalda por ser peluquero por momentos molestaba un poco. Pero todo cambio con las fiestas del colegio y las salidas adolescentes. “Negro, ¿vos sos peluquero no?, cortame el pelo para esta noche”. Y así pase de ser el motivo de risas, a ser el peluquero del curso. Aunque las gastadas nunca terminaron del todo, son los gages del oficio.
¿Cómo comenzaste oficialmente a trabajar en la peluquería con tu papá?
Hasta el momento nunca había cortado por plata, solo eran prácticas y suma de experiencia. Un día mi papá, por razones de salud, queda internado en terapia intensiva al borde la muerte, por lo que la peluquería queda sin peluquero. El tiempo pasa y la falta de dinero se siente en la familia, por lo que a mis 16 años, ante el pedido de los clientes y la imposibilidad de mi padre de cortar el pelo, tomo coraje y realizo mi primer corte por dinero. Hasta el día de hoy le sigo cortando el pelo a mi primer cliente, Cristian Freyer, gran cliente y amigo.
Afortunadamente mi papá se recuperó y volvió a la peluquería, pero yo ya tenía mis clientes propios. Agregamos un sillón más y trabajábamos juntos.
“Mi viejo, siempre me inculcó hacer el bien, siempre ayudar al prójimo, en cualquier ámbito de la vida, aunque sea con un corte de pelo. ‘Los jubilados siempre tienen descuento y si alguien no tiene para pagar el corte se le corta el pelo igual, la vida siempre te devuelve’”
Llegó la facultad y la peluquería me acompaño en todo momento. Les cortaba el pelo a compañeros y clientes, quienes me proporcionaban dinero para mis gastos como estudiante de Psicología. Curse toda mi carrera esperando que llegara enero para salir de mochilero y recorrer muchos lugares de Latinoamérica haciendo dedo. Tengo la dicha de haber podido conocer desde Ushuaia hasta Colombia, siempre con la mochila al hombro, máquina de fotos en riñonera y obviamente mis herramientas de peluquería, improvisando una barbería en cualquier camping del recorrido. Mis clientes ocasionales pagaban con un rollo de foto, un sándwich de milanesa, alguna artesanía o cualquier cosa que se pudiera canjear.
¿Cómo siguió tu carrera de peluquero?
Durante mi adolescencia como peluquero, y como todo adolescente, tuve mis peleas con mi padre, por lo que busque nuevos horizontes para desarrollar la profesión. Mi primer destino fue en los “Hermanos Ber”, una peluquería de renombre en la Galería Precedo y el Córdoba Shopping, donde participé en un desfile de moda preparando a modelos de aquel entonces. Esa fue mi gran consagración como peluquero, donde le lavé el pelo a Araceli González. En ese momento estaba a pleno en La banda del Golden Rocket, y yo no pude modular palabra debido a mi timidez y vergüenza de tener al frente a tan hermosa mujer.
¿Cuáles eran las tendencias y estilos más populares cuando comenzaste a trabajar como peluquero?
Mis profesores de peluquería de aquellos tiempos se negaban al uso de la máquina de cortar cabello y todo se debía hacer a mano, peine, tijera o navaja. Siempre tratando de evitar los cortes muy cortos o parecerse a un militar, totalmente diferente a los tiempos actuales, dónde el uso de la máquina es fundamental y la gran mayoría de los cortes son a cero y en degradé. Siguiendo los cortes de moda y como lo usan los jugadores de fútbol consagrados.
Razón por la cual, no hace mucho, tuve que realizar un curso de actualización de corte. Tuve que aprender a usar la máquina de cortar cabello nuevamente y en profundidad y a utilizar nuevas herramientas.
Debido a estos cambios de tendencias, hice tres años más el curso de peluquería. Allí aprendí mucho sobre cortes unisex, tintura, peinados de novia, permanentes, alisados, entre otras. Pero lo que siempre realmente me gustaba fue cortar el pelo.
“Cada vez que llega un corte, no solamente ingresa un cliente a la peluquería, sino que ingresa un vecino, un amigo del barrio. En la gran mayoría de las veces con ganas de hablar y contar alguna historia o simplemente como se siente, lo cual hace el trabajo más ameno y grato. Seguramente mis estudios en Psicología me ayudan a escuchar a mis clientes de una forma diferente”
¿Qué valores esenciales te transmitió tu padre en la profesión de peluquero?
Mi papá, ya retirado de la actividad, siempre me decía que en la peluquería no se debe hablar ni de política ni de religión, siempre manteniendo una postura neutral. Pero la verdad, me cuesta un poco seguir está regla (risas). Mi viejo, siempre me inculcó hacer el bien, siempre ayudar al prójimo, en cualquier ámbito de la vida, aunque sea con un corte de pelo. “Los jubilados siempre tienen descuento y si alguien no tiene para pagar el corte se le corta el pelo igual, la vida siempre te devuelve”, me dijo, y está regla nunca me costó seguir.
¿Cómo vivís el oficio de ser peluquero?
Personalmente me cuesta un poco ver a la peluquería como un trabajo. Me resulta tan sencillo, fácil y grato hacerlo que no me demanda casi ningún esfuerzo. Además cada vez que llega un corte, no solamente ingresa un cliente a la peluquería, sino que ingresa un vecino, un amigo del barrio. En la gran mayoría de las veces con ganas de hablar y contar alguna historia o simplemente como se siente, lo cual hace el trabajo más ameno y grato. Seguramente mis estudios en Psicología me ayudan a escuchar a mis clientes de una forma diferente.
La peluquería es un hermoso oficio, todo el mundo se corta el pelo, desde un recién nacido hasta una persona anciana. No sé requiere de una gran inversión de dinero para comenzar la profesión y los gastos son pocos cuando tenes instalado un local. Podes llevar la peluquería en un pequeño bolso de mano y recorrer el país cortando el pelo si así lo deseas.
¿Pensás que la tradición familiar seguirá otra generación?
Tengo tres hijas hermosas que son la luz de mis ojos. Morena, Isabella y Emma, y dos nietos del corazón, Bruno y Milo. Pensando en el futuro, no sé si alguno de ellos seguirá esta hermosa profesión. Por lo pronto, estoy en campaña por integrar la comisión del Centro Vecinal del barrio Alto Verde, y si se da, poder dar clases de peluquería y barbería para los vecinos, y así poder devolver un poco de todo lo que me ha dado está hermosa profesión.
Más info: @martin.tejerina.48
Dirección: Raymundo Montenegro 3162 B° Alto Verde
Atención por orden de llegada o por turnos al 3513208804
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Por Ale Galvaliz