12 abril 2026
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Fiorella y su perro Balto, del juego al Mundial de “dog dancing” en Italia

Entre coreografías, miradas cómplices y años de entrenamiento, la dupla cordobesa se prepara para representar al país en una de las competencias más importantes del mundo. Del 4 al 7 de junio, en Bolonia, Italia, buscarán demostrar que el vínculo también se baila.


El ensayo empieza como un juego. Una señal, un giro, una pausa exacta. Y ahí está Balto, atento, sincronizado, como si pudiera leer cada pensamiento de Fiorella Sampietro. No hay correa que marque el ritmo: lo que los une es algo más profundo, una conexión invisible que se construyó con tiempo, paciencia y afecto.

En una plaza, en un living o en cualquier rincón donde suene música, la escena se repite. Ella marca el paso y él responde con precisión, pero también con entusiasmo. No es obediencia mecánica, es complicidad. “No es que él me sigue: bailamos juntos, sentimos lo mismo en cada rutina”, explica la oriunda de Villa María (Córdoba), convencida de que el secreto no está en los trucos sino en el vínculo.

Balto es un border collie de cinco años, inquieto, inteligente, y con una energía que parece no agotarse nunca. Pero más allá de sus condiciones naturales, hay un trabajo detrás: horas de entrenamiento, ensayo de coreografías y construcción de confianza. “Todo se basa en el respeto. Si no hay bienestar, no hay baile”, suele remarcar.

La historia no empezó con una meta internacional. Al principio, era curiosidad, juego, exploración. El dog dancing —una disciplina que combina obediencia, trucos y expresión artística— apareció como una forma distinta de comunicarse. Y lo que empezó como hobby se transformó en un camino serio, exigente y profundamente emocional.

El dog dancing es una disciplina que combina obediencia, trucos y expresión artística; y el Mundial de Italia competirán 60 parejas de todo el mundo.

“Balto es uno de mis grandes maestros. Me enseñó a escuchar, a observar, a entender los tiempos. Gracias a él aprendí que el vínculo está por encima de cualquier resultado”, cuenta. En cada palabra hay algo más que técnica: hay una relación que creció a la par de cada coreografía.

Una pareja de baile que trasciende la pista

El salto llegó casi sin aviso, pero con años de preparación detrás. La clasificación al Mundial de Dog Dancing no fue casualidad: fue el resultado de un proceso sostenido, de entrenamientos constantes y de una filosofía clara. “Esto no es solo un viaje. Es el reflejo de todo lo que construimos juntos”, expresó Fiorella al confirmar su participación.

Del 4 al 7 de junio, la dupla viajará a Bolonia, en Italia, para competir junto a más de 60 parejas de todo el mundo. Será, además, el regreso de Argentina a esta competencia después de varios años, lo que le agrega un peso simbólico a cada paso que den en la pista.

En la competición, los jueces los evaluarán en tres áreas: el valor técnico (qué tan difíciles son los trucos), la impresión artística (cómo se usa el espacio y la música) y el bienestar del perro. “Hace ya muchos años que Argentina no pisa un mundial de dog dancing, la última fue en 2019. Así que seríamos los primeros después de mucho tiempo”, se entusiasmó Fiorella.

Pero más allá del resultado, el objetivo parece estar claro. “No sé en qué momento mi cachorrito se convirtió en este perro increíble. Lo único que sé es que quiero disfrutar cada segundo con él”, dice, con una mezcla de emoción y orgullo.

“Cada vez que entramos a una pista es como si el mundo se pusiera en pausa, como si todo lo de alrededor desapareciera y solamente somos nosotros dos”

En cada entrenamiento hay risas, errores, correcciones y avances. Hay días buenos y otros no tanto. Pero siempre está esa mirada que se repite: la de Balto buscando a Fiorella, esperando la próxima señal, listo para bailar. Porque si algo define a esta dupla, es esa conexión que no necesita palabras.

“Cada vez que entramos a una pista es como si el mundo se pusiera en pausa, como si todo lo de alrededor desapareciera y solamente somos nosotros dos”, reconoció Fiorella y agregó que este vínculo tan cercano con el perro hizo que desarrollen una propia forma de comunicarse.

La música ya está elegida. Los movimientos, ajustados. El viaje, cada vez más cerca. Y mientras el calendario avanza, en cada ensayo se afina algo más que una coreografía: se fortalece un lazo que va mucho más allá de una competencia.

Cuando llegue el momento de salir a pista en Italia, no estarán solos. Con ellos viajará una historia construida paso a paso, giro a giro. Una historia que demuestra que el verdadero espectáculo no está en los trucos, sino en ese lenguaje silencioso que solo entienden quienes aprendieron a bailar juntos.

Más info: Fiore Sampietro