El motor se apaga y, en cuestión de minutos, una combi se transforma en biblioteca. Estantes de madera, libros de todos los tamaños y colores, y una puerta abierta que invita a entrar. Así llega “Doña Galinda” a cada pueblo: sin protocolos rígidos, pero con una misión clara. Allí donde se detiene, algo sucede.
Laura Visciglio, docente de nivel inicial, es quien conduce esta historia. Hace diez años decidió cambiar el aula tradicional por los caminos del país. Hoy vive y viaja en una Volkswagen Kombi de 1981, convertida en biblioteca y hogar, llevando literatura a comunidades donde muchas veces el acceso a los libros es limitado.
La escena se repite en distintos puntos del mapa: chicos que se acercan con curiosidad, vecinos que se suman con mate en mano, docentes que abren las puertas de sus escuelas. La biblioteca rodante no llega a imponer, sino a compartir. Porque, como sostiene su creadora, el libro es un derecho y no un privilegio.
“La biblioteca rodante es el encuentro, el derecho al acceso a los libros, a la literatura y es habitar el espacio público”, afirma Laura, oriunda de Buenos Aires, quien es maestra de nivel inicial especializada en literatura infantil y juvenil, y técnica en Tiempo Libre y Recreación. Hoy, ejerce la docencia sin paredes ni techos, en un viaje sin principio ni final.
El proyecto nació de una combinación tan simple como poderosa: el amor por la literatura y el deseo de viajar. Laura empezó comprando libros con parte de su sueldo docente, seleccionando cuidadosamente cada ejemplar. Luego llegó la combi, y con ella, una idea que terminaría convirtiéndose en una forma de vida.
El primer recorrido fue en 2015, en un barrio donde trabajaba. Esa “prueba de fuego” marcó el inicio de un camino que no se detuvo. Durante años, combinó el proyecto con su trabajo hasta que en 2022 tomó una decisión radical: renunció para dedicarse por completo a la biblioteca rodante.
Uno de los recuerdos más regocijantes para Galinda, fue cuando celebró sus siete años en Córdoba. Fue en una plaza, con torta y regalos que llegaron desde las manos más cálidas. Laura no podía creer el cariño que cosechó ese día. Se leyeron cuentos y narraciones.
Así, en cada parada, la iniciativa genera encuentros, promueve el hábito lector y construye redes solidarias a lo largo del país.
La docente Laura Visciglio dejó todo y en una combi, creó una casa y biblioteca sobre ruedas. Este año cumple una década sembrando poesía e historias entre las infancias.
Una Biblioteca Rodante
que es encuentro
Doña Galinda no es solo un vehículo cargado de libros. Es también un espacio de encuentro. Cada parada propone algo distinto: narraciones orales, lecturas compartidas, talleres improvisados, obras de títeres y circo. No hay guión fijo, pero sí una certeza: el intercambio humano es el corazón de la experiencia.
En ese ir y venir por más de diez provincias, Laura fue descubriendo autores locales, historias regionales y comunidades que se apropian del proyecto. Muchas veces, los mismos vecinos suman libros o colaboran para que el viaje continúe. La biblioteca crece en movimiento.
La biblioteca rodante no llega a imponer, sino a compartir. Porque, como sostiene su creadora, el libro es un derecho y no un privilegio.
La vida en ruta también implica desafíos. Dormir en la combi, gestionar recursos, sostener el proyecto de forma autogestiva. Sin embargo, la red solidaria que se teje en cada destino hace el camino más liviano. Un plato de comida, una ducha o un espacio para estacionar se convierten en gestos fundamentales.
El nombre “Doña Galinda” tiene su propia historia. Surge de un libro que marcó a Laura como lectora y que inspiró la idea del “tornado”: una metáfora del cambio constante, del movimiento y de irrumpir en los espacios con nuevas propuestas.
Hoy, la biblioteca rodante sigue su curso. En las últimas semanas dejó su huella por Pomona (Río Negro), Río Colorado y Bahía Blanca, y sigue sumando kilómetros y kilómetros. En un contexto complejo para la cultura, el objetivo es claro: sostener el proyecto y seguir llegando a nuevos destinos, plazas y escuelas rurales e incluso más allá de las fronteras. Mientras tanto, en cada parada, alguien abre un libro y descubre que las historias también pueden viajar.

Más info: Doña Galinda Biblioteca Rodante






