Detrás de “Uluru Monolito de Café” de Villa Allende (Figueroa Alcorta 288), hay una historia de amor, transformación y valentía. Ella era abogada. Él, arquitecto. Ambos tenían trabajos estables, pero sintieron que necesitaban un cambio profundo. Fue entonces cuando decidieron dejar sus profesiones y emprender un viaje a Australia, sin imaginar que allí comenzarían a construir el proyecto que hoy los representa.
“Nos empezamos a conocer hace cinco años. Nuestra primera cita fue en una cafetería”, recordó Hernán en una entrevista, dejando en claro que el café fue parte de su historia desde el comienzo. Con el tiempo, ese ritual cotidiano se transformó en una pasión compartida.
Durante dos años vivieron en Australia, donde realizaron un curso de baristas y trabajaron en distintas cafeterías. Allí no solo aprendieron sobre café de especialidad, sino también sobre una filosofía de vida diferente, marcada por la conexión con el cuerpo, la alimentación consciente y los tiempos más lentos.
Coni contó que esa experiencia los llevó a cuestionarse muchos hábitos. “Empezamos a preguntarnos qué alimento le damos al cuerpo y qué combustible usamos”, expresó. Fue así como comenzaron a incorporar ingredientes más nobles, menos procesados y una mirada más consciente sobre lo cotidiano.
Un sueño escrito mucho
antes de abrir sus puertas
La idea de Uluru empezó incluso antes de regresar a Argentina. Entre jornadas laborales, cafés compartidos y anotaciones improvisadas, comenzaron a imaginar el lugar que querían crear. “Ya hacíamos nuestro libro de recetas y guardábamos ideas pensando que algún día las íbamos a compartir”, recordó Hernán.

Cuando volvieron a Córdoba, apareció la gran pregunta: regresar a sus profesiones o arriesgarse a empezar de cero. La decisión no fue sencilla, pero eligieron apostar por el sueño.
“Teníamos más miedos que certezas, pero lo hicimos igual”, reconocieron sobre el proceso de abrir un proyecto.
La búsqueda del espacio ideal los llevó a Villa Allende, una comunidad que les recordó a los pequeños pueblos australianos donde habían vivido. Querían un lugar luminoso, cálido y cercano. Y finalmente apareció la esquina soñada.

El nombre también guarda una historia especial. Uluru es un enorme monolito sagrado ubicado en Australia, símbolo de conexión espiritual y permanencia.
La pareja sintió que ese concepto representaba lo que querían construir: un punto de encuentro, algo sólido en medio de la rutina y un espacio donde las personas pudieran sentirse bien.
Más allá del café de especialidad y los productos seleccionados con cuidado, Hernán y Coni aseguran que el verdadero diferencial está en el espíritu del lugar. “Uluru es resultado de lo que somos y de lo que nos apasiona”, expresaron, convencidos de que cada detalle puede transformar la experiencia de quien cruza la puerta.

En tiempos marcados por el apuro y las pantallas, la propuesta busca ir a contramano: recuperar el encuentro cara a cara. “Queremos que la gente vuelva a mirarse a los ojos”, reflexionó Hernán sobre el propósito detrás del proyecto. Porque, para ellos, una cafetería también puede ser un refugio emocional.
Así, entre pan de masa madre y café de especialidad, Uluru empieza a convertirse en algo más que un local gastronómico. Es la materialización de una apuesta valiente: dejar atrás lo conocido para construir una vida más alineada con lo que verdaderamente los apasiona.
Más info: @uluru.monolitodecafe





