27 julio 2026
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“Epuyen”: el arte de encuadernar historias a mano y artesanalmente

Hace ocho años, Stefi Schmidt transformó su curiosidad por la encuadernación artesanal en un proyecto que hoy es mucho más que cuadernos: talleres, encuentros y una comunidad que redescubre el placer de crear con las manos. En esta entrevista, la fundadora de Epuyen repasa el camino recorrido y los sueños que la mueven a seguir creciendo.

Stefi Schmidt tiene 35 años, vive en B° Alta Córdoba y es diseñadora, fotógrafa y emprendedora. Hace ocho años fundó “Epuyen”, un espacio dedicado a la encuadernación artesanal que, con el tiempo, se convirtió en un punto de encuentro para quienes buscan desconectar de la rutina y volver a crear con las manos. Hoy, a través de talleres, cuadernos y agendas personalizadas, Epuyen sigue transformándose y sumando nuevas propuestas creativas.

¿Cómo nació Epuyen hace ocho años y qué fue lo que te impulsó a dedicarte a la encuadernación artesanal como proyecto de vida?
Los primeros pasos de Epuyen se dieron en 2017. Yo ya era fotógrafa y diseñadora, había estudiado ambas carreras en la Universidad Provincial de Córdoba, y fue ahí donde conocí la carrera de Encuadernación. Tiempo después, movilizada por mi curiosidad, decidí comenzar a cursarla. Me encantó. Al principio hacía libros para mí. Imprimía y encuadernaba libros descatalogados o ebooks de títulos del exterior que no podía conseguir en papel por el costo que implicaban, y esta era una forma de poder tener esos libros en mi biblioteca. Después empecé a hacer libros para amigos, incluso una vez les di un taller a un grupo de ellos en la cocina de mi departamento. Con el tiempo, se corrió la voz y llegaron los primeros pedidos personalizados. Ahí decidí convertirlo en un emprendimiento.

¿Por qué lleva ese nombre? 
El nombre Epuyen nació a partir de un viaje que hice al pueblo de Epuyén, en la cordillera chubutense, ya que yo nací en Trelew. Fue durante ese viaje cuando empezó a tomar forma la idea del proyecto. Por eso elegí ese nombre: para mí, Epuyen es donde nacen las ideas, que es justamente el eslogan del emprendimiento. Dar talleres fue un paso muy natural porque ya tenía experiencia dando talleres de fotografía. Empecé a enseñar encuadernación y, con el tiempo, los talleres se convirtieron en una parte fundamental del proyecto.

Más allá de enseñar una técnica, tus talleres proponen una experiencia para desconectar de la rutina. ¿Qué se encuentra la gente cuando participa por primera vez y por qué creés que cada vez más personas buscan este tipo de espacios creativos?
Creo que la mayoría llega pensando que va a aprender una técnica y se va con mucho más que eso. Obviamente aprenden a encuadernar y se llevan un cuaderno hecho por ellas mismas, pero también encuentran un espacio para salir de la rutina, compartir con otras personas y volver a hacer algo con las manos.
Vivimos muy conectados a las pantallas y con la cabeza ocupada todo el tiempo. La encuadernación requiere atención y presencia. Cuando estás midiendo, plegando o cosiendo un cuaderno, casi sin darte cuenta dejás de pensar en todo lo demás y te concentrás en lo que tenés entre las manos. Cuando estás haciendo un cuaderno a mano, no podés estar haciendo otra cosa.

“Epuyen es donde nacen las idea.
La encuadernación requiere
atención y presencia. Casi sin darte
cuenta, dejás de pensar en todo lo demás”

Uno podría pensar que quienes se acercan son personas vinculadas al arte, al diseño o a la artesanía, y sí, hay varias que lo son. Pero la gran mayoría son profesionales con trabajos muy demandantes: psicólogas, abogadas, docentes, veterinarias, nutricionistas, ingenieras, contadoras. Personas que pasan gran parte de su día resolviendo problemas y tomando decisiones exigentes. En definitiva, son quienes más necesitan tener un espacio donde hacer algo sin la presión de producir o rendir. Son las que menos creativas se sienten.
Más que enseñar una técnica, me interesa que cada persona descubra que es capaz de crear un cuaderno con sus propias manos. Ver cómo algo que empezó siendo un montón de hojas termina convertido en un objeto hecho por ellas genera una satisfacción enorme. Creo que, en un mundo cada vez más digital y acelerado, esa experiencia es justamente lo que muchas personas están buscando.

Además de los talleres, también realizás cuadernos, agendas y encuadernaciones personalizadas. ¿Qué tiene de especial un producto hecho artesanalmente y qué posibilidades ofrece este oficio a quienes valoran lo hecho a mano?
Lo artesanal tiene algo que es muy difícil de reemplazar: el tiempo y la intención que hay detrás de cada objeto. Cada cuaderno está hecho de manera individual, prestando atención a cada detalle, y eso hace que no existan dos exactamente iguales.
Además, la encuadernación artesanal ofrece muchísimas posibilidades. Al no depender de un proceso industrial, cada pieza puede adaptarse a quien la va a usar: el tamaño, los papeles, la tapa, el tipo de encuadernación o los detalles.
Pero creo que hay algo todavía más importante. Las personas tenemos una necesidad cada vez más grande de conectar con otras personas. Cuando alguien encarga un cuaderno sabe quién lo está haciendo. Gracias a las redes sociales, puede verme plegando las hojas, cosiendo el lomo o armando la tapa. Conversamos sobre para qué lo va a usar, qué intención tiene o si es un regalo para alguien especial. Esa historia también forma parte del objeto y lo vuelve invaluable.
En una época donde estamos acostumbrados a comprar productos idénticos, de mala calidad, fabricados en serie y a un click de distancia, creo que ese vínculo con quien crea el objeto tiene un valor enorme. Más allá del cuaderno en sí, las personas también se llevan esa experiencia y esa conexión.

Después de ocho años de crecimiento, ¿qué sueños y proyectos tenés para Epuyen y qué te gustaría que las personas se lleven, además de un cuaderno, cuando pasan por tus talleres?
Después de estos años, Epuyen sigue creciendo y transformándose conmigo. Si bien nació desde la encuadernación, hoy es un espacio de experiencias creativas donde se cruzan distintos lenguajes y propuestas. El motor es la curiosidad, sin dudas.
Actualmente realizo los talleres alquilando distintos espacios de la ciudad, en zonas como zona norte, Argüello, centro y Alta Córdoba. Mi sueño es que Epuyen pueda tener su propio espacio: un lugar donde desarrollar talleres creativos y otras formaciones, con un showroom de productos artesanales de diseño y, por qué no, hasta un café. Soy muy fan del café y muchas de las experiencias que hacemos hoy están acompañadas por ese momento de compartir algo rico, así que sería una evolución muy natural para el proyecto.
Epuyen busca inspirar a las personas a crear, a animarse a soñar y a escribir su propia historia. Por eso las propuestas siguen creciendo y apareciendo nuevas experiencias, como los talleres de escritura, con los que ya hicimos una primera experiencia el mes pasado.

“Me gustaría que las personas se lleven la experiencia de descubrir que pueden crear, que pueden darse un tiempo para imaginar, hacer y conectar con sus propias ideas.”

Y si hay algo que me gustaría que las personas se lleven de los talleres, además de un cuaderno hecho por ellas mismas, es la experiencia de descubrir que pueden crear. Que pueden darse un tiempo para imaginar, hacer y conectar con sus propias ideas.
Epuyen muta conmigo, y eso es algo que me gusta mucho. Fue cambiando a lo largo de este camino y seguramente va a seguir transformándose. Mi deseo es poder seguir haciéndolo crecer y acompañando procesos creativos durante mucho tiempo más.

Ocho años después de aquel viaje a la cordillera chubutense que le dio nombre al proyecto, Stefi Schmidt sigue sosteniendo la misma idea que lo inició: que crear con las manos es también una forma de encontrarse. Entre hilos, papeles y encuentros semanales en distintos rincones de Córdoba, Epuyen continúa tejiendo su propia historia, con la promesa de un espacio propio en el horizonte y la certeza de que, mientras haya curiosidad, el proyecto seguirá transformándose.

+ información: Instagram: @epuyen.espacio