Hay momentos en los que el camino de la vida parece tener distintas direcciones, pero para el padre Tomás Larrosa todas pueden encontrarse en un mismo sendero. El cordobés, conocido cariñosamente como “Padre Tomi” y también como el “Padre Biker”, encontró en la fe su vocación y en el deporte una forma de disfrutar, despejarse, compartir y desafiar sus propios límites. Su historia comenzó en Córdoba, donde hizo toda su etapa escolar en el colegio Fasta Santo Domingo de Guzmán.
A los 20 años tomó una decisión que marcaría para siempre su vida: ingresó al camino de formación sacerdotal. Su vocación había comenzado a crecer desde su participación en Ruca Champaquí y en las actividades de Fasta, donde descubrió que podía convertirse en un instrumento para acercar a otras personas a Dios. En 2012 ingresó al seminario y posteriormente completó sus estudios de Teología, hasta ser ordenado sacerdote.
Desde hace varios años su destino está ligado a Tucumán, una provincia que terminó convirtiéndose también en escenario de otra de sus grandes pasiones. Allí desarrolló su tarea pastoral dentro de Fasta y, al mismo tiempo, se metió de lleno en los caminos serranos con su bicicleta. Desde 2021 es capellán de la comunidad Fasta Tucumán y su tarea pastoral también estuvo vinculada al Colegio Fasta Ángel María Boisdron, donde aparece registrado como capellán.
Su agenda está lejos de ser tranquila. Misas, confesiones, acompañamiento de jóvenes, visitas, campamentos, atención a enfermos y actividades pastorales ocupan buena parte de sus días. Pero cuando aparece un espacio libre, las zapatillas o la bicicleta pueden convertirse en compañeras de ruta. “La bicicleta es mi cable a tierra mediante el cual descargo las tensiones del día a día”, explicó alguna vez, aunque dejando en claro que su vocación sacerdotal siempre ocupa el primer lugar.
Cuando el deporte también se
convierte en un camino de encuentro
El running fue una de sus primeras formas de mantenerse activo. Durante su etapa en Buenos Aires, cuando todavía no tenía bicicleta, salía a correr y hasta se las ingeniaba para participar de carreras sin poder pagar una inscripción. Con humor, contó que se ubicaba en los primeros metros de la largada y corría “a su manera”. Con el tiempo, aquella afición se transformó en una práctica sostenida y en nuevos desafíos deportivos.
En 2025 participó de los 21K de Yerba Buena y completó la distancia en 1 hora, 32 minutos y 39 segundos. Un año después volvió a la misma competencia y mejoró su registro: en la edición 2026 cruzó la meta en 1h29m55s, quedando 73° en la clasificación general y 18° entre los corredores de 30 a 34 años. La camiseta de Fasta volvió a acompañarlo en una carrera donde el objetivo no parece ser solamente el reloj.
Pero si hay una disciplina que parece llevarlo especialmente lejos, es el mountain bike. En 2024 disputó su segundo Trasmontaña junto a Tomás Poviña y consiguió el segundo puesto de la categoría E-Bikes Master, con un tiempo de 2h10m26s. Lo particular fue que compitieron con una bicicleta eléctrica prestada y que apenas habían podido recorrer tres veces el circuito antes de la competencia.
La montaña, además, no empieza ni termina en una carrera. Larrosa contó que hizo cumbre tres veces en el volcán Lanín y que también ascendió al nevado del Chañi, en Jujuy, de unos 6.000 metros de altura. Para él, pedalear, correr o subir una montaña no son actividades alejadas de su sacerdocio: son espacios de descanso, amistad, esfuerzo y superación que también pueden ayudarlo a vivir con mayor serenidad su tarea cotidiana.
Esa manera de vivir sus pasiones también encontró una enorme caja de resonancia en las redes sociales. Su cuenta @padre_tomasg ya reúne más de 34 mil seguidores y allí conviven imágenes de su vida sacerdotal, carreras, bicicletas, montañas, viajes, jóvenes y distintas experiencias de fe. El propio Larrosa reconoce que esa exposición genera vértigo, pero también entiende que las redes pueden ser una herramienta para acercar el Evangelio a personas que quizás nunca entrarían a una iglesia.
Hoy, el Padre Tomi continúa ampliando ese particular puente entre espiritualidad y deporte. En 2025 fue designado Asesor Titular de la Organización de Juventudes de Argentina de Fasta, mientras que durante 2026 siguió participando de actividades, peregrinaciones y propuestas vinculadas al movimiento. Su historia demuestra que detrás de la sotana hay también un hombre que corre, pedalea, sube montañas, tiene sueños y disfruta de compartirlos.
Quizás por eso su historia resulta tan cercana: porque no plantea elegir entre la fe y aquello que apasiona, sino encontrar la manera de integrar ambas cosas. Después de una misa puede aparecer una bicicleta; después de una carrera, una oración; y después de una subida interminable, la satisfacción de haber llegado. Para Tomás Larrosa, cada kilómetro parece tener algo de desafío y algo de encuentro, porque como él mismo resumió, la bicicleta no está separada de su sacerdocio: forma parte de la persona, de su historia, de sus gustos, de sus proyectos y de sus sueños.
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