
Hay lugares que parecen imposibles hasta que alguien se anima a imaginarlos. En la Isla de Sal, una tierra marcada por el sol, el viento, las playas y la escasez de lluvias, un cordobés encontró la manera de hacer crecer algo que, a simple vista, parecía fuera de lugar: un verdadero oasis verde. Allí, desde hace dos décadas, Camilo Donato construyó su vida lejos de la Argentina y hoy administra junto a su pareja el Pachamama Eco Park, uno de los espacios naturales más particulares de Cabo Verde.
Camilo nació en Leones, en el interior de Córdoba, pero su historia comenzó a cambiar cuando decidió dejar el país. La crisis argentina de 2001 fue uno de los motivos que lo empujaron a buscar nuevos horizontes y, después de una etapa en Europa, conoció a quien sería su pareja, una italiana. Juntos terminaron llegando a Cabo Verde hace aproximadamente 20 años y eligieron la Isla de Sal para comenzar una nueva vida.
El desembarco en aquel pequeño archipiélago africano significó mucho más que cambiar de domicilio. Fue aprender otra cultura, otro idioma, otras costumbres y una manera diferente de entender la vida cotidiana. La Isla de Sal es uno de los destinos turísticos más importantes de Cabo Verde, pero también es un territorio extremadamente árido, donde las lluvias son escasas y conseguir que una planta sobreviva requiere paciencia, conocimiento y mucho trabajo.
Camilo dejó Córdoba y encontró en la Isla de Sal el lugar para comenzar una nueva vida. Allí transformó un antiguo vivero en el Pachamama Eco Park, un jardín botánico que logró llenar de verde un paisaje marcado por la aridez.
En ese escenario nació el proyecto que con el tiempo se convertiría en Pachamama. El espacio comenzó como un vivero destinado a producir plantas y árboles que pudieran adaptarse a las condiciones de la isla y abastecer distintos proyectos turísticos. Con el tiempo, aquella idea inicial fue creciendo y transformándose hasta convertirse en un jardín botánico abierto al público, con una enorme variedad de especies adaptadas al clima de Sal.

El desafío de hacer crecer
vida en una tierra árida
Caminar hoy por Pachamama es encontrarse con una postal completamente diferente a la que propone el paisaje habitual de la isla. Palmeras, acacias, cactus, árboles, flores y distintos sectores de vegetación forman un verdadero oasis en medio de la aridez. El parque también cuenta con animales, muchos de ellos rescatados o entregados por personas que encontraron allí un lugar seguro para dejarlos al cuidado de Camilo y su equipo.
El espacio fue creciendo casi de manera orgánica, siguiendo las necesidades y las oportunidades que aparecían. Uno de los momentos que marcó ese cambio ocurrió cuando llegó una burra que había sido encontrada atada en un basural de Sal. La bautizaron Joaninha y su presencia fue el comienzo de una nueva etapa: después llegaron otros animales y el antiguo vivero comenzó a convertirse también en refugio y parque ecológico.

Hoy, el visitante puede encontrarse con pavos reales, aves, monos, cabras, burros, tortugas y otras especies, además de recorrer sectores de plantas y cactus. Hay espacios para descansar, relajarse y disfrutar del verde, un café al aire libre y propuestas vinculadas con la educación ambiental y el reciclaje. Incluso algunas construcciones del parque incorporan materiales reutilizados, como ventanas realizadas con botellas recicladas.
Pero Pachamama no funciona solamente como una atracción para turistas. También busca acercar a los habitantes de la isla a una naturaleza que muchas veces queda relegada detrás de la postal de las playas. El proyecto trabaja con escuelas y propone mostrar la flora que puede desarrollarse en Cabo Verde, mientras mantiene una producción de plantas y servicios de jardinería que forman parte de la actividad cotidiana del lugar.
El parque también se convirtió en hogar para animales rescatados, muchos de ellos abandonados o entregados por personas que ya no podían cuidarlos. Burros, cabras, pavos reales, monos, tortugas y distintas aves forman parte de esta particular comunidad.
La vida en Sal, cuenta Camilo, también tiene una particularidad difícil de explicar desde Córdoba: allí los argentinos son muy pocos. Él mismo contó recientemente que pueden contarse prácticamente con los dedos de una mano los compatriotas que viven en Cabo Verde. A pesar de la distancia, mantiene intacto el vínculo con su país y reconoce que lo que más se extraña después de tantos años son la familia, los amigos y esas pequeñas cosas de la vida cotidiana que el desarraigo vuelve enormes.

Y así transcurre la vida de este cordobés en África: entre plantas, animales, turistas, escuelas, trabajadores y una comunidad que fue adoptándolo como propio. Lo que alguna vez fue una decisión impulsada por una crisis terminó convirtiéndose en una vida completamente diferente, construida a miles de kilómetros de Leones. En una isla donde el verde parece un desafío permanente, Camilo Donato encontró su manera de echar raíces y convirtió al Pachamama Eco Park en la prueba de que incluso en medio del desierto también puede crecer un sueño.
Más info: Pachamama Eco Park





