A sus 70 y 72 años, Reina y Paco llevan recorridos 83.000 km en su motorhome

La pandemia fue el punto de partida de una aventura que los llevó desde Ushuaia hasta La Quiaca y por distintos países de Sudamérica, con el Pacífico, el Caribe y el Amazonas entre sus grandes postales. Hoy, disfrutan de la jubilación sobre ruedas y comparten una filosofía que resume su historia: "No tenemos la vida comprada y el día es hoy".


Hay sueños que esperan durante años hasta encontrar su momento. Y hay personas que, cuando finalmente se animan a cumplirlos, descubren que el horizonte siempre puede quedar un poco más lejos. Reina, de 70 años, y Paco, de 72, son protagonistas de una de esas historias: ya sumaron 83.000 kilómetros a bordo de su motorhome, con el que transformaron la jubilación en una oportunidad para descubrir lugares, conocer personas y coleccionar experiencias.

La aventura comenzó durante la pandemia de Covid-19, cuando ambos buscaban una manera diferente y más segura de viajar. Vivir sobre ruedas no estaba necesariamente en sus planes, pero aquella situación cambió la perspectiva y les abrió una puerta inesperada. Reina, que había trabajado durante más de cuatro décadas en el Poder Judicial argentino, tenía el deseo de recorrer el mundo cuando llegara la jubilación. La idea encontró su oportunidad y terminó convirtiéndose en una forma de vida que todavía los entusiasma.

«Era también un sueño poder viajar con la jubilación», recordó Reina al explicar cómo nació el proyecto. Lo que empezó como una alternativa para disfrutar de las vacaciones terminó dando paso a travesías cada vez más largas. En 2021 compraron una Peugeot Boxer 2.2 diésel, que ya estaba adaptada como casa rodante. Después de la primera experiencia, comenzaron a realizarle modificaciones para acomodarla a sus necesidades y prepararla para recorrer grandes distancias.

A bordo de su Peugeot Boxer adaptada como motorhome, esta pareja de jubilados recorrió la Argentina de Ushuaia a La Quiaca, atravesando distintos países de Sudamérica, desde las costas del Pacífico y el Caribe hasta el río Amazonas.

El vehículo se convirtió en mucho más que un medio de transporte: es su pequeña casa, el lugar donde organizan sus pertenencias, descansan y se preparan para el próximo destino. Con el espacio justo y lo necesario para afrontar diferentes climas, aprendieron a viajar con equipaje reducido y a aprovechar cada rincón. «Tiene muy buen andar», dicen sobre la camioneta que los acompaña en esta aventura. La primera gran prueba fue un recorrido de Ushuaia a La Quiaca, de un extremo al otro de la Argentina, que les permitió conocer mejor el vehículo y descubrir qué necesitaban ajustar.

El mundo como destino
y el presente como prioridad

El viaje más extraordinario que realizaron hasta ahora fue una vuelta por Sudamérica que se extendió durante siete u ocho meses y sumó unos 25.000 kilómetros. Desde la costa del océano Pacífico avanzaron hasta el mar Caribe y, después, emprendieron el regreso hacia la Argentina por una ruta tan singular como inolvidable: navegaron durante cinco días por el río Amazonas hasta llegar al Atlántico. Una travesía que combinó rutas, paisajes y experiencias muy diferentes, y que representa una parte importante de los 83.000 kilómetros acumulados.

Aunque las distancias recorridas podrían hacer pensar que viven permanentemente de viaje, Reina y Paco se definen como «viajeros ocasionales». Organizan sus salidas largas cada tres o cuatro meses y aprovechan cada oportunidad para volver a ponerse en movimiento. No se trata de correr para conocer la mayor cantidad de destinos posibles, sino de disfrutar el camino, descubrir nuevos rincones y decidir sobre la marcha. Para ellos, la libertad también consiste en poder elegir cuándo partir y cuándo hacer una pausa.

Pero la vida en la ruta no está hecha únicamente de paisajes soñados y momentos perfectos. Hay que organizar las paradas, cuidar el vehículo, administrar los gastos y resolver los imprevistos que aparecen lejos de casa. También es importante elegir dónde pasar la noche y escuchar la propia intuición cuando un lugar no transmite seguridad. En ese recorrido, la pareja atravesó situaciones difíciles, como un robo en Perú y la pérdida de su perra en Ecuador. Experiencias dolorosas que contrastan con otro de los grandes aprendizajes del viaje: la solidaridad de las personas que encontraron en distintos países y que estuvieron dispuestas a ayudarlos.

Para Reina y Paco, viajar también significa aprender a vivir con menos equipaje y más libertad. No necesitan tener todo organizado: disfrutan la posibilidad de elegir el rumbo y detenerse cuando lo desean.

Más allá de los kilómetros y los mapas, uno de los tesoros que más valoran son los vínculos que construyeron durante sus travesías. Cada parada puede convertirse en una conversación inesperada, una mano tendida o una amistad que continúa cuando el motorhome vuelve a ponerse en marcha. «Hemos hecho amistades para siempre», destacó Reina, quien reconoce que todavía sigue aprendiendo a disfrutar de todo lo que la ruta les ofrece. Porque, en definitiva, viajar también significa encontrarse con otras personas y descubrir que la hospitalidad puede aparecer en los lugares más inesperados.

A la hora de pensar en los próximos destinos, el espíritu aventurero sigue intacto. Después de haber atravesado la Argentina, recorrido buena parte de Sudamérica y conocido territorios tan diversos como las costas del Pacífico y el Caribe, la pareja mantiene abierta la posibilidad de seguir explorando. Su modalidad de viaje les permite organizar nuevas salidas sin convertir cada recorrido en una obligación. No necesitan vivir todos los días sobre ruedas ni tener cada detalle resuelto con anticipación: el motorhome está listo y las ganas de salir siguen siendo el impulso principal.

La reflexión que Reina y Paco comparten después de tantos kilómetros va mucho más allá de viajar. «No tenemos la vida comprada y el día es hoy. El disfrute es hoy. Hay que cumplir los sueños», afirma Reina. Su mensaje no pretende decir que todas las personas deban lanzarse a la ruta, sino recordar que los proyectos personales merecen un lugar en la vida y que postergarlos indefinidamente puede significar no realizarlos nunca. A los 70 y 72 años, esta pareja demuestra que la jubilación también puede ser una etapa de descubrimientos, desafíos y nuevos comienzos. Con 83.000 kilómetros en el camino y muchos recuerdos compartidos, siguen apostando por lo que los hizo partir: las ganas de vivir, conocer y disfrutar juntos cada día.

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