Nadie en su familia tenía relación con la danza. Rolutti practicaba natación, como otros de los suyos, hasta que una clase de gimnasia rítmica que funcionaba junto a la pileta le cambió el rumbo. Su mamá lo anotó en el Teatro del Libertador General San Martín, donde entró a los nueve años sin saber una sola posición de ballet clásico. Ni siquiera entendía bien las reglas de aquella primera audición infantil: solo supo que había quedado adentro cuando escuchó su número entre los seleccionados.
Lo que empezó como un juego se transformó en oficio. A los 15 años se mudó solo a Buenos Aires tras aprobar el ingreso al Instituto Superior de Arte del Teatro Colón, donde pasó tres años y llegó a compartir escenario con el Ballet Estable. Después llegó el Prix de Lausanne, el certamen suizo que es una vidriera obligada para los jóvenes talentos del ballet mundial: esa participación, preparada junto al Joven Ballet Argentino y a maestros como Franco Cadelago y Diego Poblete, le abrió la puerta de varias becas internacionales. Eligió la Escuela del Ballet de Hamburgo, dirigida por John Neumeier, donde se formó durante dos años y se graduó hace apenas unos meses.
Un sí que llegó
por videollamada
El batacazo se dio de la forma más inesperada: sin viajar, sin pisar Rusia, a través de una audición virtual. Fue aceptado directamente en el último año de la Vaganova, la institución fundada en 1738 que es considerada cuna de la danza clásica a nivel planetario. Ese ingreso directo —sin pasar por los cursos previos— no tiene antecedentes para un artista latinoamericano.
“Siempre veía esta escuela en videos desde que tengo memoria, pero nunca imaginé que iba a ser un lugar al que yo pudiera llegar.”
Ahora se prepara para viajar a San Petersburgo, donde completará un año de perfeccionamiento antes de definir su próximo destino profesional. Entre sus referentes menciona a Julio Bocca, Marianela Núñez y Rudolf Nureyev, y ya piensa en sumar el ruso a los idiomas que fue incorporando en cada etapa de su carrera nómade.
La promesa de volver
a bailar en su ciudad
A pesar de la carrera internacional, el vínculo con Córdoba sigue intacto. Rolutti conserva amigos de sus primeros años de secundaria en el colegio Taborda y asegura que cada regreso al país le devuelve una alegría particular. Por eso ya anunció que, cuando termine su año de formación en Rusia, hará una gala en el Teatro Griego de Córdoba, aunque todavía sin fecha confirmada.
“Estoy muy emocionado por volver y poder finalmente bailar en mi ciudad, en Córdoba.”
Para Rolutti, la danza no es solo una disciplina física sino una forma de expresión que empieza mucho antes de la escena: “Yo bailo porque a mí me gusta bailar. Después eso lo pasás al escenario”.
Más información: Guillermo Franco Rolutti





