Cuando se jubiló como profesora de inglés, Elena Placci se hizo una pregunta simple: ¿y ahora qué? La respuesta la llevó de vuelta al agua, a esa pileta descubierta del club Estudiantes de Río Cuarto donde de chica nadaba en verano, con el agua helada de un pozo que se cambiaba una vez por semana, porque en invierno directamente cerraba. Casi treinta años después, esa decisión la convirtió en campeona mundial máster a los 90 años.
Nacida el 22 de octubre de 1935, Placci vive en la ciudad de Córdoba desde los 20. Su historia con la natación competitiva arrancó tarde, cerca de los 64 años, después de ver por televisión a un nadador máster que contaba su experiencia en un torneo en Canadá. Aquello bastó para que se animara a llamar y preguntar cómo empezar.
La aceptaron en el Círculo de la Fuerza Aérea después de una prueba de estilos, y desde entonces no paró: primero tres veces por semana con un profesor particular y otras tres con el grupo máster, incluidos los domingos. Su primer torneo fue en Rosario, y el primero fuera del país, en Fort Lauderdale, Estados Unidos. No ganó nada, pero ahí aprendió lo que ella misma resume como “hay que aprender a competir”.
“No pienso en récords ni en marcas extraordinarias. Pienso en mantenerme activa, en mover el cuerpo, en no quedarme quieta”
Del club de barrio
al podio en Singapur
El año pasado, la trayectoria sumó su capítulo más resonante: en el World Aquatics Masters Championships de Singapur, que reunió a unos 6.000 nadadores de más de cien países, Placci se quedó con el oro en los 100 y los 200 metros libres, y llegó cuarta en otras tres pruebas. Lo hizo pese a un golpe en la pierna durante una de las series, que la dejó sangrando pero no le impidió terminar la carrera ni seguir compitiendo el resto del campeonato.
El balance de casi tres décadas de entrenamiento es contundente: más de 100 torneos disputados entre nacionales e internacionales y alrededor de 500 medallas. Pero para ella los números no son lo central. Entrena dos veces por semana —antes llegó a hacerlo seis o siete—, acepta que el cuerpo ya no responde igual y que el cansancio llega más rápido, aunque eso no la aparta del agua.
Su historia trascendió el ámbito deportivo: en Córdoba, el Concejo Deliberante impulsó distinguirla como “Personalidad destacada de la ciudad” por su trayectoria en la natación máster y por representar, según sus propios impulsores, un ejemplo de esfuerzo y superación para las nuevas generaciones.
Una vida activa,
dentro y fuera del agua
Viuda hace 14 años, madre de tres hijas y abuela de cuatro nietos, Placci combina los entrenamientos con una agenda cargada: cursos de literatura comparada, cine y memoria, lectura en español, inglés e italiano, y el cuidado de la huerta de su casa, donde asegura que no podría vivir de otra manera.
“No podría vivir en un departamento. Abrir la puerta y ver un ascensor me daría angustia. En mi casa, abro la puerta y veo las plantas, los pájaros, el cielo, siento el aire”

Para ella, envejecer no es un tema que haya que disfrazar con eufemismos. Lo dice sin vueltas: acepta lo que ya no puede hacer y disfruta lo que sí. Mientras tanto, sigue proyectando: ya tiene la vista puesta en un campeonato en Australia para 2027, un destino que todavía no conoce y que la entusiasma especialmente.






