En Combi, dos cordobeses unieron Córdoba con Alaska después de viajar 5 años y recorrer 18 países

Luis Garnero y María Belén Bisotto iniciaron esta aventura con su "Blanquita" en 2017 y llegaron a Alaska en 2022, tras recorrer más de 80.000 kilómetros y plasmar sus aprendizajes de desapego en el libro "Liberarte". Actualmente, proyectan su próximo desembarco en el continente europeo junto a su pequeña hija.


La rutina laboral en el asfalto de San Pablo, Brasil, funcionó como el detonante silencioso. Corría el año 2017 cuando María Belén “Belu” Bisotto y Luis “Lucho” Garnero, dos jóvenes nacidos y criados en las calles de Adelia María —un pequeño pueblo del sur de la provincia de Córdoba—, se hicieron la pregunta que cambiaría sus vidas para siempre: ¿por qué no dejar los esquemas tradicionales y salir a explorar el mundo? Sin una hoja de ruta rígida, pero con el norte magnético apuntando a Alaska, renunciaron a sus empleos, rompieron estructuras y adquirieron a “Blanquita“, una clásica combi Volkswagen de 1984 que se convertiría en su hogar itinerante.
La transformación de “Blanquita” requirió tanta creatividad como ingenio mecánico para convertir un vehículo comercial de la década del 80 en un hogar sustentable sobre ruedas. Lucho y Belén diseñaron el interior optimizando cada centímetro cúbico: instalaron un sistema de aislamiento térmico para soportar desde el calor del Caribe hasta el congelamiento de Alaska, colocaron paneles solares en el techo para garantizar autonomía eléctrica y construyeron muebles multifuncionales de madera ligera donde la cama se repliega para transformarse en comedor. Cada rincón de la combi fue pensado estratégicamente para albergar sus herramientas de trabajo itinerante —como las camillas de yoga y los insumos de tatuaje—, demostrando que para vivir viajando no se necesita acumular equipaje, sino aprender a habitar el espacio de manera inteligente.

“Fueron cinco años y más de 80.000 kilómetros a 60 kilómetros por hora: ‘Blanquita’, nuestra combi modelo ´84, nos demostró que para abrazar la libertad no hace falta acumular equipaje, sino aprender a habitar el espacio con inteligencia”.

A partir de ese instante, la velocidad del reloj se redujo a los 60 kilómetros por hora que permitía el noble motor de su vehículo. El viaje se transformó en una sucesión de postales dinámicas y desafíos cotidianos, avanzando a un promedio de 200 kilómetros diarios para cuidar la mecánica. A lo largo de la extensa geografía americana, la pareja cordobesa desmitificó los miedos fronterizos cruzando un total de 18 países, desde los climas tropicales del Caribe hasta los pasos andinos, acumulando más de 80.000 kilómetros de puras vivencias compartidas bajo el lema original de su comunidad digital: @viajayreite.

Kilómetros de libertad

De Argentina fueron para Chile, pasaron por Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia. Luego, pusieron la combi en un barco y cruzaron a Panamá (Tapó de Darién, una zona de jugla intransitable). Después, recorrieron Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Belice, México y Cuba. Y México otra vez, recorrieron Estados Unidos y Canadá por el oeste, hasta llegar a Alaska en 2022.
Durante el periplo, salieron de su “zona de confort” y no solo trabajaron de sus profesiones, sino que incursionaron en diversas tareas. Desde ser jardineros, meseros, lavacopas y en los últimos tiempos “housesitting”, que traducido significa “cuidadores de casa”.

El trayecto, sin embargo, estuvo lejos de ser una línea recta y predecible. La llegada de la pandemia mundial en 2020 los sorprendió en territorio mexicano, forzándolos a reinventarse por completo y a detener la marcha de las ruedas durante un largo período. Lejos de claudicar, Lucho capitalizó sus habilidades artísticas haciendo tatuajes, pintando murales y diseñando logos, mientras Belén coordinaba clases de yoga y elaboraba artesanías. Fue justamente ese tiempo de introspección obligada el que dio vida a su propio proyecto editorial independiente: el libro Liberarte, una bitácora en formato papel donde plasmaron las peripecias, los aprendizajes del desapego absoluto y la filosofía de confiar en las señales del camino.

Guiados bajo su comunidad digital, los jóvenes de Adelia María demuestran cómo la autogestión y el arte en las rutas permitieron financiar una travesía infinita que ahora busca expandir sus fronteras hacia el Viejo Continente.

La esperada recompensa coronó su constancia a finales de 2022, cuando las ruedas de Blanquita pisaron finalmente el suelo de Alaska. Entre los hitos más impactantes de ese último tramo, recuerdan con fascinación su paso por Whittier, un exótico e inhóspito pueblo costero de apenas 200 habitantes donde toda la comunidad convive dentro de un mismo y gigantesco edificio de 14 bloques. Lograr la meta inicial no significó el final de la búsqueda, sino la validación absoluta de que las fronteras geográficas e individuales son totalmente maleables cuando existe determinación.

El mapa se agranda 

Con el objetivo continental cumplido, el destino les deparaba una transformación aún más profunda y conmovedora que cualquier cruce fronterizo. De regreso temporal en suelo argentino para reencontrarse con sus raíces y sus familias, los adeliamarienses experimentaron el viaje hacia la paternidad con el nacimiento de su primera hija, Alma. Lejos de significar un freno para su espíritu viajero, la llegada de la pequeña se integró con total naturalidad a sus vidas, reconfigurando la dinámica familiar y demostrando que la crianza puede florecer perfectamente en entornos nómades y flexibles.

Luego de cinco años de desapego absoluto y de plasmar sus vivencias en el libro Liberarte, la pareja prepara un nuevo salto transatlántico sin perder su esencia nómade.

Actualmente, “Lucho” y “Belu” dividen su tiempo entre las sierras de Córdoba y gestiones internacionales. Mientras continúan comercializando de forma autogestiva el libro Liberarte en el país, ya diagraman en detalle sus próximos horizontes. El gran sueño actual apunta directo a cruzar el océano Atlántico: la planificación contempla un desembarco inicial en Miami para, desde allí, dar el salto definitivo hacia el continente europeo, un nuevo territorio que explorarán bajo una mirada familiar y renovada.

Para aquellos que miran las rutas con anhelo pero no se animan a dar el paso, Belu y Lucho suelen sintetizar un mensaje transparente en sus plataformas digitales: el secreto no radica en esperar las condiciones económicas o logísticas ideales, sino en aprender a convivir con la incertidumbre y confiar en la hospitalidad del mundo. Su bitácora real en @viajayreite sigue sumando seguidores diarios, consolidándose como un testimonio vivo de que se puede vivir a paso lento, con poco equipaje, pero con el corazón completamente lleno de libertad.

Más info: Viajá y Reíte