Gon Granja: el cordobés que durmió trece meses en una camioneta para fotografiar toda la Argentina

Un libro de 388 páginas resume siete años de ruta, 60 mil kilómetros recorridos y la obsesión de un fotógrafo de Alta Gracia por retratar el patrimonio natural del país.

La historia de Gonzalo “Gon” Granja empieza mucho antes de la Ruta 40. Empieza en los años 90, en una casa de Alta Gracia, cuando un niño le sacaba fotos a la sombra de un gato mientras sus hermanos terminaban el rollo en los cumpleaños familiares. Décadas después, esa curiosidad se convirtió en un proyecto descomunal: “Argentina: un Legado Natural”, un libro bilingüe que reúne paisajes, fauna y rincones del país, desde La Quiaca hasta Ushuaia.

El camino hasta llegar ahí fue largo. Granja estudió Comunicación y trabajó durante años dirigiendo equipos para campañas publicitarias, además de viajar por más de 15 países. Pero algo no terminaba de cerrar. Su primer gran cambio de rumbo llegó con “Maravillas de Córdoba”, un libro sobre los rincones naturales de la provincia que recorrió en un Suzuki rojo, contando las monedas para cargar combustible.

La repercusión fue inesperada: personas que vivían lejos se emocionaban al reencontrarse con paisajes propios a través de sus fotografías. Ahí nació la pregunta que lo cambiaría todo: ¿por qué no hacer lo mismo con el país entero?

Antes de encontrar esa respuesta hubo otro capítulo notable. Durante tres meses vivió en Vík í Mýrdal, un pequeño pueblo del sur de Islandia, durmiendo en un sillón con la cámara al lado y el despertador sonando cada quince minutos para no perderse la aurora boreal. Cuando finalmente la vio, no pudo sacar ni una foto: se quedó llorando frente al cielo. Esa imagen, lograda en otra noche, terminó siendo elegida como foto del día por National Geographic.

De la Ruta 40 al
proyecto de su vida

El germen de “Argentina: un Legado Natural” fue “Rincones de la Ruta 40”, una travesía autofinanciada mediante crowdfunding que buscaba recorrer 11 provincias y 5.190 kilómetros, desde La Quiaca hasta Cabo Vírgenes.

Para ese viaje compró una camioneta de más de 20 años y, con ayuda de amigos, la adaptó para dormir, cocinar y cargar baterías. Durante meses, ese vehículo se convirtió en su casa.

Lo que comenzó como una etapa terminó siendo el punto de partida de algo mucho más grande. El proyecto final le demandó siete años de trabajo y 60 mil kilómetros de ruta, con trece meses efectivos de viaje y registro, atravesados además por la pandemia.

“Sinceramente pensé que iba a ser menos, que en cinco meses iba a tener el registro y en cinco meses más todo editado, pero el país es enorme”, reconoció Granja al repasar la experiencia.

“En ese camino me di cuenta de que lo más importante no era la ruta, sino lo que rodeaba la ruta.”

La frase resume el espíritu del proyecto. Paisanos y vecinos de cada zona le recomendaban volcanes, lagunas o parajes que no figuraban en los mapas turísticos. Esas desviaciones, que muchas veces implicaban recorrer cientos de kilómetros, terminaron convirtiéndose en el corazón del libro.

Para darle rigor a cada capítulo, Granja se apoyó además en geólogos y biólogos que lo ayudaron a comprender las características de los ecosistemas y aquello que debía ser preservado en cada lugar que fotografiaba.

Un mes detrás
de un puma

Entre las historias que dejó la travesía, una se volvió especialmente recordada: la búsqueda fotográfica de un puma que le demandó un mes completo.

Granja contó con la ayuda de un guía especializado, capaz de leer las huellas y los comportamientos del animal con una precisión asombrosa. Sabía, por ejemplo, interpretar cuándo un guanaco había sido cazado por el felino. Ese conocimiento del territorio fue clave para hacer posible el encuentro.

No fue la única espera prolongada. En la Laguna Espejo, en El Hoyo, Chubut, Granja volvió una y otra vez durante una o dos semanas hasta conseguir el reflejo que buscaba del paisaje sobre el agua.

En Paicone, en plena puna jujeña, capturó imágenes ya en 2019, mucho antes de que el proyecto tuviera forma de libro.

El resultado de todo ese recorrido —físico y emocional— es un volumen de 388 páginas, impreso en Argentina y editado en español e inglés.

“Un libro de naturaleza argentina tenía que ser impreso en Argentina”, sostuvo el fotógrafo, que hoy, de vuelta en Alta Gracia, sigue defendiendo la misma idea que lo llevó a gastar sus ahorros en una camioneta usada: que nadie cuida lo que no conoce y que sus fotografías pueden ser una puerta de entrada a un país que todavía tiene mucho para mostrar.

Más info: Gon Granja