Por: Marcela Fernanda Guzmán
Hay lugares que no aparecen en las estadísticas ni en los resultados, pero que sostienen la esencia de un club. La es uno de ellos. Entre el ir y venir de platos, las risas compartidas y las charlas interminables, se transforma en un punto de encuentro donde la comunidad se reconoce, se abraza y se vuelve familia.
En el Club Poeta Lugones, ese espacio tiene hoy un rostro conocido: Andrés Heredia, o “Nané”, como lo llaman todos, jugador de la primera y comerciante, su historia con el club es profunda y genuina. “El club Poeta es mi segunda casa, juego desde los 4 años, es el lugar que me dio a mis amigos, me formó como persona y como jugador”, cuenta, dejando en claro que su vínculo va mucho más allá de lo deportivo.

La cantina no nació por casualidad. Surgió desde una idea clara: generar un lugar de encuentro. “Queríamos que todos los socios tengan un espacio para hacer el famoso tercer tiempo y compartir un lindo momento fuera de la cancha”, explica. Así, lo que empezó como un proyecto se transformó en una realidad que hoy forma parte de la vida cotidiana del club.
Para Nané, este nuevo rol tiene un significado muy especial. “Poder aportarle al club desde este lado es un sueño hecho realidad”, dice. Y lo cuenta con una mezcla de emoción y orgullo: “Antes de que surgiera la idea, ya lo había soñado muchas veces, me despertaba con todo en la cabeza: cómo quería diseñarla, qué productos vender, cómo iba a ser la atención… ya lo tenía muy claro”.
“El club Poeta es mi segunda casa, juego desde los 4 años, es el lugar que me dio a mis amigos, me formó como persona y como jugador… Tener la Cantina es un sueño hecho realidad, es poder aportarle al club algo desde este lado”
Los días de partido, la cantina cobra una energía única. El movimiento empieza desde temprano, con la previa cargada de entusiasmo. “Se vive de una manera distinta a un día normal, antes del partido hay muy buena energía, buenas vibra, durante..aparecen los momentos de tensión, y después… siempre se la pasa muy bien”, relata. Ganar o perder pasa a un segundo plano cuando llega el momento de compartir. “Es el lugar donde jugadores e hinchas van a distenderse”, agrega.

Con el tiempo, la propuesta fue creciendo. Se sumaron detalles que hacen la diferencia: mobiliario, decoración, merchandising y una carta variada. “Tenemos minutas muy ricas y abundantes, también opciones de merienda, y según la temporada vamos innovando”, explica. En invierno, por ejemplo, llegaron platos bien de casa: “El guiso de lentejas encantó, los ñoquis también, pero siempre estamos probando e incorporando cosas nuevas”.
Pero si hay algo que atraviesa todo el proyecto, es el sentido de pertenencia. “Le doy mucha importancia, hace que los chicos cuiden el club, participen más y disfruten el día a día”, sostiene. Esa conexión es la que convierte a la cantina en algo más que un servicio: la vuelve parte de la identidad del club.

La invitación está abierta para todos. “Que vengan a pasar un lindo momento, no solo por la comida, sino para encontrarse con gente del barrio y vivir el deporte de buen nivel”, propone.
Nada de esto sería posible sin el equipo que acompaña día a día: Sonia y Pao son piezas fundamentales en este espacio. “Ellas generan un ambiente muy lindo. Sonia está en la atención al cliente y Pao cocina con todo el amor que la comida necesita”, destaca.
Porque al final, la Cantina no es solo un lugar donde se sirve comida. Es donde se construyen recuerdos, donde cada plato tiene una historia y cada mesa guarda una charla.
Es el rincón donde el club late distinto, más humano, más cercano, donde las risas se mezclan con los nervios de cada partido, donde las victorias se celebran y las derrotas se hacen más livianas, es el aroma de un guiso recién servido en invierno, el sonido de los cubiertos, las voces que se cruzan, las anécdotas que se repiten como si el tiempo no pasara, es el calor de la cocina, el murmullo constante, el encuentro después del partido.
La Cantina poética no es solo un lugar donde se sirve comida. Es donde se construyen recuerdos, donde cada plato tiene una historia y cada mesa guarda una charla.
Ahí, entre sabores, voces y emociones, se teje algo que no se ve, pero que todos sienten. Porque Poeta tiene ese “no sé qué” ese encanto que lo hace especial, que lo vuelve único, que hace que siempre quieras volver.
Y quizás ahí esté su mayor valor… en ser ese lugar al que siempre se vuelve, porque en el fondo, también es hogar.
Más info: @cantina_poetica





