En el barrio General Paz, entre pinceles, restos de papel y potes reciclados que esperan convertirse en otra cosa, Carla Kozak arma su universo. Tiene 45 años, es profesora de yoga y, desde hace tiempo, también artista: creadora de Burucuyá Arte, un emprendimiento que nació casi sin querer y que hoy la define. Cada pieza que sale de sus manos —una lámpara, un cuenco, un colibrí de papel— carga la misma búsqueda: vivir de lo que la apasiona, sin perder de vista el cuidado del planeta.
¿Cómo nace Burucuyá Arte?
Nace desde una búsqueda de poder vivir haciendo lo que a uno le apasiona, plasmando la pintura en un objeto realizado de forma artesanal y agregándole el valor de utilizar materiales reciclados.
¿Cuál fue el momento que te llevó a convertir esto en tu emprendimiento?
Darme cuenta de que cada pieza única que realizo puede transmitir y llegar a cada persona, brindando belleza y armonía a través de los colores, y aportando mi granito de arena en el cuidado del medio ambiente.
¿Con qué materiales y técnicas trabajás?
Las piezas están en su mayoría realizadas con materiales reciclados, dándole a cada una su toque personal a través de la pintura, algo que fui aprendiendo con distintas técnicas a lo largo de los años. Habitualmente trabajo con papel, y la técnica que utilizo es la cartapesta y el papel maché.
“Burucuyá es una forma de vida, una forma
de crear inspirándome en la naturaleza.
El objeto favorito de mis clientes son
los colibríes de papel”
¿Qué tipo de productos hacés habitualmente?
Generalmente son piezas de decoración, como lámparas, cuencos y esculturas, y también accesorios. El objeto favorito de mis clientes son los colibríes de papel.

Del taller a la conciencia ambiental
Además de crear y vender tus piezas, ¿qué otras actividades realizás?
Estoy brindando talleres públicos y privados para niños y adultos, transmitiendo una forma de conectar con el arte y generar un consumo consciente.
¿Cómo definirías a Burucuyá?
Como una forma de vida, una forma de crear inspirándome en la naturaleza.
La charla termina, pero el taller de Carla sigue en movimiento: hay papel para transformar, colores para mezclar y algún colibrí a medio armar esperando sus alas. Entre la pintura y la conciencia ambiental, Burucuyá Arte confirma que hay oficios que no se eligen del todo: se descubren, se habitan y, con el tiempo, terminan convirtiéndose en una forma de estar en el mundo.
+ Información: Instagram: Burucuya Arte





