
A veces los grandes cambios no llegan de golpe, sino que empiezan con una pregunta. En el caso de Cintia Grosso (42) y Juan Manuel Trespidi (41), ambos de Bragado, provincia de Buenos Aires, todo nació después de unas simples vacaciones en moto por Córdoba. Eran empleados de comercio y cada regreso a casa les dejaba la misma sensación de vacío. “Cada vez que volvíamos la sensación siempre era fea. Entonces comenzó a surgir una charla: ¿qué pasaría si viajáramos por más tiempo, sin fecha de regreso?“. Esa inquietud terminó convirtiéndose en un plan y, más tarde, en una nueva forma de vivir.
Así, la peluquera y creadora de contenido Cintia y el creador de contenido Juan Manuel encontraron en los viajes una nueva forma de trabajar, vivir y compartir experiencias con miles de seguidores.
Hoy, bajo el nombre de Acocho Viajeros, llevan más de tres años recorriendo el país sobre una moto que desafía toda lógica. No se trata de una gran motocicleta preparada para expediciones extremas, sino de una Yamaha YBR 125 cc que los acompaña desde hace más de 13 años y que fue diseñada para el uso urbano. Sin embargo, esa pequeña compañera se transformó en el vehículo con el que atravesaron miles de kilómetros de rutas, montañas, estepas y caminos inhóspitos.

“Muchísimas personas no pueden creer que viajemos dos personas con todo nuestro equipaje en una YBR 125. Pero para nosotros terminó siendo la moto ideal para recorrer Argentina”, cuenta la pareja. En los baúles y bolsos cargan prácticamente toda su casa: herramientas, ropa, botiquín de primeros auxilios, una ducha portátil, una cocina de camping, la carpa donde viven durante gran parte del viaje y también los elementos necesarios para generar ingresos mientras siguen avanzando.
“El desafío más grande fue dar el primer paso y dejar la zona de confort. A partir de ahí, cada día se convirtió en una nueva aventura”
Lejos de tener un gran respaldo económico, comenzaron la aventura con algunos ahorros y, desde entonces, fueron encontrando distintas maneras de sostener el sueño. Su canal de YouTube monetizado, colaboraciones con marcas, la venta de merchandising a través de @acochotienda, además de trabajos ocasionales como atención en hostales, limpieza de cabañas, mantenimiento de espacios verdes y cortes de cabello que realiza Cintia como peluquera, les permiten reunir “peso por peso” para continuar la travesía.
Una vida donde el verdadero
destino son las personas
Desde que dejaron Bragado decidieron viajar despacio, sin la presión de cumplir itinerarios. Su objetivo nunca fue sumar kilómetros rápidamente, sino detenerse a conocer cada lugar. Así recorrieron gran parte de Neuquén, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, tanto por la costa atlántica como por la Cordillera de los Andes. También cruzaron varias veces hacia Chile para explorar buena parte de la mítica Carretera Austral, permaneciendo incluso hasta tres meses en algunos destinos, como ocurrió en Tierra del Fuego.

Actualmente se encuentran en Caviahue, Neuquén, donde realizan la temporada de invierno para ahorrar dinero antes de continuar viaje hacia el norte neuquino y luego Mendoza. “Todavía nos falta medio país por recorrer y muchísimos amigos por conocer”, aseguran con entusiasmo, convencidos de que el viaje todavía tiene mucho camino por delante.
Cuando recuerdan cuál fue el mayor desafío, ambos coinciden en que no estuvo en las rutas difíciles ni en los kilómetros recorridos. “El desafío más grande fue dar el primer paso, salir de la zona de confort y cambiar radicalmente nuestra vida siendo ya adultos”, explican. Después llegaron los desafíos cotidianos: no saber dónde dormir, conseguir trabajo temporal, enfrentar el mal clima o encontrar un refugio cuando la naturaleza obliga a detenerse.
“Con muy poco, en lo material, descubrimos que se pueden vivir los mejores momentos de la vida. Lo más valioso que nos llevamos son las personas que conocimos en el camino”
Sin embargo, si algo les dejó esta experiencia es la certeza de que el verdadero patrimonio del viaje no son los paisajes. “Siempre decimos lo mismo: los lugares son increíbles, pero lo mejor es el contacto con las personas y sus historias de vida”, afirman. A lo largo de estos años conocieron familias que les abrieron las puertas de sus casas para ofrecerles un lugar donde descansar. “Gracias a cada uno de ellos también podemos seguir conociendo el país”, agradecen.

Después de miles de kilómetros, la ruta también les enseñó a valorar lo cotidiano. “Aprendimos a disfrutar un baño caliente, una cama calentita, un techo, un mate con la familia o una charla con amigos. Nos dimos cuenta de que con muy poco, en lo material, podemos vivir los mejores momentos de nuestra vida”. Mientras siguen sumando kilómetros junto a su inseparable Yamaha, Cintia y Juan demuestran que los sueños no dependen de la cilindrada de una moto, sino del coraje para animarse a girar la llave y salir a buscarlos.-
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