
Hay decisiones que cambian el rumbo de una vida. Y después están las que la reinventan por completo. Marcio Santolin (39 años) e Ivana Donato (38) tomaron una de esas decisiones cuando dejaron atrás sus profesiones, su casa y la rutina que habían construido durante años para embarcarse en un viaje que comenzó en Ushuaia y tiene como destino final Alaska.
La pareja es oriunda de Oliva, aunque durante quince años vivió en B° Villa Centenario, en la zona norte de la ciudad de Córdoba. Ivana ejercía como abogada y escribana, mientras que Marcio trabajaba en el área contable de una empresa de transporte y logística. Tenían estabilidad, empleo y proyectos convencionales. Sin embargo, algo no terminaba de encajar.
La inquietud comenzó a crecer principalmente en Marcio, quien sentía que la vida que llevaban no reflejaba aquello que realmente querían hacer. Pero hubo dos hechos que terminaron acelerando una decisión que parecía imposible: la pérdida de un gran amigo y la enfermedad de una hermana de Ivana.

“Esas situaciones nos enseñaron que la vida puede cambiar para siempre en un instante. Entendimos que los sueños no podían seguir esperando y que era momento de animarnos a vivir la vida que realmente queríamos”, recuerdan.
Con esa convicción comenzó a tomar forma el proyecto que hoy miles de personas siguen en redes sociales bajo el nombre de “Viajeros por Kombicción”. Lo primero fue conseguir una compañera de aventuras: una Volkswagen Kombi modelo 1986 que bautizaron “La Mandarina”. El nombre hace referencia a su color naranja, aunque entre risas admiten que también existe otra explicación: “Ella es la que manda en este viaje”.
“Antes éramos una abogada, un escribano y un jefe de contabilidad; hoy somos artesanos y viajeros. El camino nos transformó tanto que a veces nos cuesta reconocer a aquellas personas que éramos antes de subirnos a la kombi”
La transformación de la kombi en una casa rodante no fue sencilla. Durante un año y medio trabajaron de lunes a viernes en sus empleos habituales y dedicaron cada fin de semana al proyecto. Dejaron de lado gastos innecesarios, cancelaron deudas, rompieron las tarjetas de crédito y destinaron todos sus ahorros a construir el vehículo que algún día los llevaría a recorrer el continente.

Una vida nómada, una kombi
y un compañero inseparable
Cuando finalmente llegó el momento de partir, había alguien cuya presencia jamás estuvo en discusión. Ron, un caniche que hoy tiene 12 años, ya formaba parte de la familia mucho antes de que naciera el proyecto. Por eso, emprender el viaje sin él nunca fue una opción.
Viajar con una mascota les obligó a resignar destinos, museos, parques nacionales y muchas actividades que no permiten el ingreso de animales. También implicó realizar trámites veterinarios, cumplir requisitos sanitarios y reorganizar permanentemente la logística de cada jornada. Sin embargo, aseguran que nunca se arrepintieron de esa decisión.
“Al principio nos frustraba no poder entrar a muchos lugares, pero con el tiempo entendimos que el viaje era con Ron. Donde él puede ir, nosotros vamos. Donde él no puede ir, simplemente no vamos”, explican.

Como toda aventura de largo aliento, el camino también estuvo lleno de obstáculos. Ninguno tan inesperado como la pandemia de Covid-19. Llevaban casi un año viajando cuando el mundo se detuvo y ellos quedaron varados en Mendoza tras regresar desde Chile. Durante meses convivieron con la incertidumbre y la posibilidad de que el sueño terminara para siempre.
“Actualmente estamos en Costa Rica, si todo va bien queremos llegar a Alaska para Junio/Julio del 2027. Aún nos falta recorrer Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Belize, México, EE.UU. y Canadá para llegar a Alaska.
Sin embargo, la historia continuó. Cuando las restricciones comenzaron a levantarse retomaron el viaje, aunque los desafíos siguieron apareciendo. Hubo motores rotos, largas estadías en talleres mecánicos, reparaciones que demoraron meses y hasta una restauración completa de la kombi durante un invierno patagónico en Chile. En Ecuador, incluso, llegaron a vivir tres meses dentro de un taller mientras reparaban los daños ocasionados por el óxido y el desgaste acumulado.
Lejos de desanimarlos, cada dificultad reforzó una certeza. “Aprendimos que los momentos más difíciles son también los que más enseñan. La paciencia, la confianza y la convicción son fundamentales para seguir adelante cuando todo parece derrumbarse”, aseguran.
Motores rotos, meses viviendo en talleres mecánicos, largas reparaciones y hasta una pandemia mundial fueron algunos de los obstáculos que encontraron en el camino. Pero cada dificultad terminó reforzando la misma certeza: juntos son capaces de superar cualquier contratiempo y convertir los momentos más duros en las mejores historias para contar.
“Actualmente, estamos en Costa Rica, si todo va bien queremos llegar a Alaska para Junio/Julio del 2027. Aún nos falta recorrer Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala, Belize, México, EE.UU. y Canadá para llegar a Alaska. Ya hemos recorrido gran parte de Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay, Brasil, Venezuela, Colombia, Ecuador, Panamá y Costa Rica, el viaje también nos dio la oportunidad de conocer República Dominicana”, señalan los “Tortolitos”.
Hoy, más de siete años después de haber dejado atrás la vida que conocían, Marcio e Ivana ya no se identifican con aquellas profesiones que ejercían antes de partir. El viaje los transformó en artesanos y les permitió descubrir una nueva forma de vivir, trabajando con sus propias manos mientras continúan avanzando hacia el norte del continente.
“Aprendimos que los momentos más difíciles son también los que más enseñan. La paciencia,
la confianza y la convicción son fundamentales para seguir adelante cuando
todo parece derrumbarse”

Cuando imaginan la llegada a Alaska no hablan de récords ni de metas deportivas. Hablan de transformación. De demostrar que los sueños pueden hacerse realidad cuando existe la valentía de perseguirlos. “Nos gustaría que la gente entienda que la vida es demasiado corta para postergar aquello que realmente desea. Llegar a Alaska será importante, pero lo más valioso es todo lo que aprendimos y vivimos durante el camino. Ese es el verdadero viaje… Por eso, al llegar a Alaska esperamos poder decir, con mucha humildad, que atravesamos todo el continente americano, a la velocidad de la libertad… a nuestro propio ritmo y a nuestra manera, siendo conscientes de que este viaje nos ha transformado por completo, que ya no somos los mismos… pero que de verdad ha valido la pena”, concluyen.
Más info: Viajeros por Kombiccion





