20 abril 2026
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“Sueños de Ruta”: la familia que convirtió el viaje en su forma de vida

Desde hace ya 11 años, Laura y Facundo, junto a su hijo Río, eligieron dejar la vida tradicional para apostar por una experiencia nómade. Hoy, recorren América Latina, comparten su experiencia y construyen una vida en "movimiento" que inspira a miles.


El mate humea al costado de la ruta, el viento golpea suave la carrocería y Río corre descalzo entre piedras y pasto. No hay timbres, ni horarios rígidos, ni paredes fijas. Hay kilómetros, paisajes y decisiones que se toman sobre la marcha. “Entendimos que la vida no era esperar las vacaciones, sino animarnos a vivir distinto”, dicen Laura Guelfi y Facundo Othatceguy, como quien resume una revolución personal.

La historia de Sueños de Ruta nació mucho antes de la ruta. Empezó en la ciudad, entre rutinas repetidas y una sensación difícil de explicar. En Capital Federal tenían trabajo, proyectos y una vida ordenada, pero algo faltaba. “Sentíamos que estábamos cumpliendo con todo, menos con nosotros”, cuentan.

El cambio no fue inmediato. Fue un proceso de preguntas incómodas y decisiones valientes. Empezaron a soltar lo material, a simplificar la vida y a imaginar una alternativa. “Nos dimos cuenta de que necesitábamos menos cosas y más tiempo”, dicen “Lau” y “Facu”.

“En el 2015 agarramos nuestras bicis y nos embarcamos en una zigzagueante aventura entre Argentina y Chile, cruzando la cordillera de los andes en cuatro oportunidades y recorriendo más de 7.500 kilómetros. Luego de un año de pedaleo, decidimos cambiar el medio de transporte y continuar nuestro viaje a bordo de una kombi vintage de 1987, con la que recorrimos Brasil, Paraguay, Bolivia, Perú, Colombia y Ecuador”. Allí, en 2019, se sumó un nuevo integrante al equipo de trotamundos: Río, su hijo, que nació en pleno viaje y que hoy, ya con 7 años, continúa conociendo paisajes y lugares increíbles. 

Con un colectivo como casa y la ruta como horizonte, recorren distintos países mientras crían a su hijo en contacto con la naturaleza, la cultura y la experiencia directa. Así, La familia viaja por América Latina, trabaja en movimiento y muestra en redes que otra forma de vivir es posible.

Con el tiempo, la idea tomó forma concreta: construir un hogar sobre ruedas. Así nació el colectivo reciclado que hoy es su casa, su refugio y su símbolo. “No es solo un vehículo, es nuestra forma de vivir”, aseguran. Tras la Pandemia, la pareja de viajeros compraron un colectivo que pertenecía a la empresa de transportes 216 de Morón, y lo adecuaron con cocina, baño y dormitorio incluido.

Desde entonces, la ruta se convirtió en su mapa. Recorrieron distintos puntos de Argentina y cruzaron fronteras por Sudamérica, sumando experiencias, culturas y paisajes que fueron moldeando su historia. Actualmente, se encuentran en México, instalándose por temporadas en distintos destinos, donde combinan trabajo, crianza y movimiento. “No viajamos para tachar lugares, sino para habitarlos”, explican. En el camino y para costear los viajes, vendieron comida en las plazas, dulces, fruta y hasta brindaron shows de música con la guitarra de “Facu”. A su vez, al ser publicistas, siguieron trabajando con la comunicación, desarrollando páginas web, ayudando con las redes sociales en algunos lugares o con cosas de diseño.

Además, escribieron su propio libro de viajes titulado: “Ahí vamos”. “Cuenta la historia de nuestro viaje en Kombi por Sudamérica, más de 35.000 kilómetros recorridos, dos años y medio de aventura, a bordo de una Kombi Volkswagen de 1987. El libro está a la vente y tiene muy buena repercusión”, expresan.

Una vida en “movimiento”

Las redes sociales se transformaron en una ventana a su día a día. Allí muestran lo cotidiano: cocinar en espacios mínimos, educar a Río en casa, resolver imprevistos mecánicos o simplemente disfrutar de un atardecer distinto cada semana. “Mostramos lo real, no solo lo lindo”, cuentan.

Porque la vida nómade también tiene sus desafíos. Hay cansancio, incertidumbre y momentos de duda. “Hay días en los que extrañás la estabilidad, pero también sabés por qué elegiste esto”, dicen. Esa sinceridad es parte de lo que conecta con quienes los siguen.

El proyecto también se volvió su sustento. A través de emprendimientos digitales, contenido y colaboraciones, lograron sostener el viaje en el tiempo. “Aprendimos a trabajar desde cualquier lugar, a adaptarnos”, explican.

 “Somos conscientes de que somos libres de cualquier atadura e incluso de nuestras propias palabras y proyectos: si mañana nos cansamos y queremos vender el colectivo para hacer otra cosa, bienvenido sea. Eso es algo que aprendimos viajando, a ser libres”.

En el centro de todo está Río, creciendo en una infancia distinta. Sin aulas tradicionales, pero con el mundo como escenario. “Queremos que entienda que hay muchas formas de vivir, que pueda elegir”, dicen.

Sueños de Ruta dejó de ser solo una decisión personal. Es una invitación abierta. “No todos tienen que hacer lo mismo, pero sí animarse a preguntarse qué vida quieren”, reflexionan.

La ruta sigue, sin certezas rígidas ni destino final. Porque para ellos, viajar dejó de ser un plan para convertirse en una forma de estar en el mundo. “El verdadero cambio no fue movernos, fue animarnos”.

Más info: Sueños de ruta