
Hay viajes que tienen un destino y otros que, con el paso de los años, terminan convirtiéndose en destino ellos mismos. El de Patricia Fehr y Germán de Córdova pertenece a esa segunda categoría: salió de San Nicolás hace más de dos décadas con fecha de regreso y terminó transformándose en Amunches, una familia que hizo de la ruta su casa, de los kilómetros su calendario y de cada encuentro una oportunidad para aprender. El 10 de marzo de 2003, cuando todavía no existían los GPS y un mapa de papel era una herramienta imprescindible, los dos pusieron primera a bordo de una camioneta con lo necesario para una aventura que, según el plan original, debía durar doce meses.
El proyecto había comenzado mucho antes, cuando todavía eran una pareja joven que soñaba con conocer el mundo más allá de las fronteras conocidas. Durante años ahorraron, planificaron y esperaron ese supuesto “momento ideal”, hasta que la crisis argentina de 2001 terminó de convencerlos de que esperar demasiado también podía ser una forma de perder. Partieron entonces con algunos ahorros, una carpa para dormir y una enorme cuota de incertidumbre, sin imaginar que aquella decisión iba a modificar para siempre sus trabajos, sus vínculos, sus prioridades y hasta la idea misma de lo que significa tener un hogar.
Partieron el 10 de marzo de 2003 pensando
en viajar durante un año y terminaron recorriendo Argentina, Bolivia, Perú, Uruguay, Brasil, Chile, Ecuador, Colombia, Venezuela, Belice, Panamá, Costa Rica, Nicaragua,
Honduras, El Salvador, Guatemala, Cuba,
México, Estados Unidos, Canadá y Alaska.
Un viaje que cambió de forma
Al principio fueron Argentina, Bolivia, Perú, Uruguay, Brasil, Chile, Ecuador, Colombia y Venezuela; después llegaron Centroamérica y el Caribe, con Belice, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, Honduras, El Salvador, Guatemala y Cuba, para finalmente continuar por México, Estados Unidos, Canadá y Alaska. Cada frontera significó mucho más que un sello en el pasaporte: fueron comunidades, lenguas, costumbres, comidas, paisajes y, sobre todo, personas que fueron dejando una marca en la historia familiar. El propósito inicial de conocer América se fue transformando en una búsqueda más profunda por acercarse a las culturas ancestrales y descubrir otras maneras de mirar y habitar el mundo.
El gran giro llegó con Inti, nacida en España en 2008 después de que Patricia y Germán alcanzaran Alaska. La pareja había imaginado que ser padres podía significar el final de la aventura, pero volvió a hacerse la misma pregunta que los había empujado a salir: ¿realmente existe el momento perfecto para hacer aquello que uno desea? La respuesta fue otra vez negativa y, en lugar de detenerse, vendieron la camioneta y compraron en Texas un antiguo autobús escolar que transformaron en una vivienda con cocina, baño, habitaciones y paneles solares; así, la casa familiar pasó a tener ruedas y la infancia de Inti transcurrió entre rutas, comunidades y nuevos paisajes.
“No somos las mismas personas
que salieron hace 23 años. El viaje nos transformó completamente. Para nosotros,
el viaje dejó de medirse en kilómetros
y se convirtió en una escuela de vida”

El colectivo se convirtió en mucho más que un vehículo: es dormitorio, cocina, aula, oficina, taller y archivo de una vida entera. En sus paredes se fueron acumulando fotografías y recuerdos de los lugares visitados, mientras Inti crecía y estudiaba mediante sistemas de educación a distancia, incorporando además aprendizajes que ningún programa escolar podría medir: conocer otras culturas, convivir con realidades diferentes y descubrir que las certezas con las que uno nace no necesariamente son universales. Para sus padres, esa educación en movimiento es una de las grandes riquezas del camino.
“Amunches”: Una casa sobre ruedas
Pero vivir viajando no significa estar permanentemente de vacaciones. Amunches construyó con los años una forma de sostener económicamente el proyecto a través de conferencias, encuentros, talleres, contenidos, fotografías, publicaciones y alianzas con organizaciones y marcas que comparten sus valores. Patricia también convirtió la fotografía en una herramienta para registrar aquello que encontraba en el camino y esas imágenes terminaron formando parte de muestras, publicaciones y del relato que la familia comparte con quienes siguen su aventura.
La ruta tampoco estuvo libre de dificultades. Encontrar un lugar seguro para estacionar un vehículo de doce metros en una gran ciudad, resolver cuestiones mecánicas, organizar la educación, trabajar mientras se viaja y adaptarse a cada nueva realidad son desafíos cotidianos; durante la pandemia, incluso debieron permanecer alrededor de dos meses detenidos en un parque de vehículos en Nayarit, algo completamente inusual para quienes llevaban años acostumbrados al movimiento. Sin embargo, aquello que para otros podría significar una ruptura de la rutina terminó siendo otra lección de adaptación para una familia que aprendió a no depender de un único modo de vivir.

Hoy, en agosto de 2026, Patricia, Germán e Inti se encuentran en Puebla, México, después de haber recorrido recientemente Guatemala y El Salvador. En las próximas semanas tienen previsto regresar a San Nicolás para abrazar a familiares, reencontrarse con amigos y compartir parte de todo lo vivido durante estos 23 años; será una pausa especial, una vuelta al punto de partida para quienes ya saben que regresar no significa necesariamente quedarse. Después, volverán a la ruta porque todavía quedan caminos, comunidades y preguntas sin responder.
“No existe una única manera
de construir una familia, trabajar
o proyectar el futuro. Nosotros
aprendimos a hacerlo mientras viajábamos”
Ese regreso a casa tendrá además un sabor particular después de una experiencia reciente que pareció cerrar un círculo. Tras más de veinte años, volvieron a Mitontic, una pequeña comunidad indígena de Chiapas que habían conocido en los primeros tiempos de la aventura; allí se reencontraron con Isidro, un joven que por entonces trabajaba en la biblioteca del pueblo y soñaba con convertirse en maestro, y descubrieron que aquel sueño finalmente se había hecho realidad. El encuentro funcionó como una fotografía viva del paso del tiempo: mientras ellos habían seguido recorriendo América, también habían cambiado las personas y los lugares que alguna vez los habían ayudado a cambiar a ellos.

Y quizás allí esté la verdadera dimensión de Amunches: no en la cantidad de países visitados ni en los kilómetros acumulados, sino en haber entendido que viajar también puede ser una manera de educarse, de criar, de trabajar y de construir una familia. Patricia y Germán ya no buscan completar una lista de destinos porque comprendieron que el viaje dejó de ser algo que hacen y pasó a ser algo que son; por eso, cuando vuelvan a San Nicolás y luego vuelvan a partir, no estarán abandonando su hogar, sino llevando consigo todo lo que ese hogar aprendió en el camino. “El camino nos transformó”, dicen, y después de 23 años la frase ya no suena a conclusión: suena a promesa de lo que todavía falta recorrer.
Más info: Amunches






